Guatemala, 8 de mayo de 2008
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Mensajes Íntimos
Deseo compartir con usted y sus lectores la tristeza inmensa que me embarga, que también es el sentir de miles de seres ignorados y marginados por el “delito” —el pecado— de ser discapacitados físicos.
El solo hecho de que creamos que ese tema no es de importancia nacional ya es un síntoma de cuantos vemos y entendemos la discapacidad como problema que debe ser atendido desde el Estado. Por ello, estoy nombrando el problema de la discapacidad, para no terminar creyendo que sólo le importa a quienes la padecemos. Es un problema que atañe a toda la sociedad y, más allá, al Estado de Guatemala.
Por haber sido arrollado por un vehículo, estoy temporalmente discapacitado, con fracturas de fémur y rodilla. Me movilizo con muletas, y llevo una vida casi normal, pero tengo más de un año tocando puertas para que se me conceda la oportunidad de un trabajo, pero solo se me quedan viendo las muletas, y ya eso es motivo para hacerme sentir más inútil.
Por favor, Rina, a través de su columna, quiero llegar al noble corazón de quien considere poder brindarme una oportunidad laboral. No estoy pidiendo ayuda económica o material, solo quiero valerme por mí mismo y demostrar que soy capaz. Tengo carencias y grandes necesidades, pero lo último que muere es la esperanza… Por lo mismo, tendré mucha fe en que alguien, ungido por el poder de Dios, leerá mi carta y me tenderá la mano.
Sinceramente, me apena que hasta ahora esté respondiendo su mensaje, a pesar de que lo he tenido en mente desde que lo recibí, hace varias semanas, pero ocurre que ya tenía en lista otros casos que esperaban respuesta con mucha urgencia. Por eso le presento mis disculpas y tengo la esperanza de que cuando los lectores lo vean publicado en este espacio, se solidaricen con su sentimiento y los conceptos que expone sobre el problema de las personas con distintas capacidades físicas, que es el término con el cual debe nombrárseles.
Claro que estoy de acuerdo con usted, cuando dice que la discapacidad es un problema que debe ser atendido por el Estado, por ser un tema de importancia nacional. Al respecto, al Congreso de la República, a varios diputados están luchando por que este respetable sector de guatemaltecos dignos —apoyado en sus derechos y peticiones—, que Dios los ilumine para hacer una ley justa, que no encuentre tropiezos ni sea desechada por intereses políticos.
Usted dice, en su humano llamado, que la solidaridad hay que demostrarla con actos y hechos, no sólo con palabras, y pide que seamos todos solidarios con el dolor ajeno. Usted tiene iniciativa, educación media, responsabilidad y deseos de hacer bien las cosas, razones suficientes para no dejar morir la esperanza. Por lo tanto, tenga fe en que su mensaje tocará el corazón de muchos guatemaltecos conscientes y con sensibilidad humana.
Los interesados en buscar comunicación con el autor de este mensaje pueden escribir a: rudysam1966@gmail.com, o bien llamar al teléfono 5031-3614, para contactar a la señorita Antonia.
* Las personas interesadas en adquirir mi libro Querida Rina, especialmente por el Día de la Madre, pueden solicitarlo a los teléfonos 2360-2318 y 5751-5722.
rina.montalvo@gmail.com
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