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Guatemala, 9 de mayo de 2008

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VENTANARita María RoeschLa vida en seis días

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El Clarinero me contó que, un día que los planetas vieron triste a la Tierra, le preguntaron: “¿Estás enferma?”. La Tierra les respondió: “Sí, tengo un virus que se llama Homo sapiens”. Los planetas respondieron en coro: “No te preocupes, ese virus se te pasará rápido”. Los efectos del cambio climático nos pondrán en aprietos serios y quién sabe si podremos resistirlos. Los millones de niños y niñas que pasarán hambre en el mundo podrán reclamarnos: “Se tomaron su jugo y el nuestro también”.

La educación tradicional en los dos últimos siglos nos aleccionó para creer que el ser humano era dueño de toda la vida que existe en el planeta. Nos quitó la humildad para reconocer nuestro lugar en el Universo. Prefiero reír, a llorar, cuando escucho a algunos chapines decir que “el cambio climático es un invento”. Esa actitud demuestra su ignorancia e insensibilidad. Crecimos con “la ilusión” de estar desconectados del mundo natural. Por eso tiramos plásticos y basura en las playas o consideramos a los animales como objetos, no como seres vivos que sienten y merecen respeto.

El 2 de mayo fui testigo de una escena dantesca. Un camión llevaba tantas reses apiladas en la palangana que, en una curva, la última vaca quedó prensada y estaba siendo ahogada por el resto de las vacas que le cayeron encima. Con mi esposo tratamos de detener al conductor del camión, pero fue imposible, no hizo caso a nuestras señas.

Nos falta una nueva educación. Crear conciencia que vivimos en un planeta vivo (Gaia). Nuestra presencia en su vasto escenario es brevísimo. Podemos desaparecer abruptamente como aparecimos. Encontré un relato de David Brower, un brillante ecologista que demuestra que los planetas podrían tener razón. Que los seres humanos podemos desaparecer de un momento a otro. Brower comprimió las eras gigantescas de la Tierra siguiendo el ejemplo de los seis días de la Creación bíblica. Dice Brower:

“La Tierra fue creada en la medianoche del domingo. El martes a las 8.00 a. m. apareció la primera forma de vida en una célula bacterial. Hasta el jueves a medianoche, el microcosmos había evolucionado y regía al planeta entero. El viernes a las 4.00 de la tarde, los microorganismos inventaron la reproducción sexual. El sábado (último día de la Creación) todas las formas visibles de vida evolucionaron. A la 1.30 de la madrugada emergieron los primeros animales marinos. A las 9.30 de la mañana brotaron las plantas del mar y surgieron los primeros anfibios e insectos. A las 4.55 de la tarde se desarrollaron los grandes reptiles que poblaron la tierra durante cinco horas. Murieron a las 9.45 de la noche.

Mientras tanto, entre las 5.30 de la tarde y las 7.15 de la noche aparecieron los primeros mamíferos y los pájaros. A las 10.00 p.m. surgieron los primeros primates y una hora más tarde evolucionaron en monos. Veinte minutos antes de las 11.00 de la noche surgieron los simios. Ocho minutos antes de las 12.00 (medianoche), el primer primate del sur se irguió y caminó en dos pies, pero desapareció cinco minutos después. Cuatro minutos antes de la medianoche apareció el Homo hábilis, y medio minuto más tarde evolucionó en Homo erectus. Medio minuto después apareció la forma arcaica del Homo sapiens. Y finalmente la especie humana moderna apareció en África y Asia, 11 segundos antes de que sonaran las 12 campanadas de la medianoche y finalizaran los seis días de la Creación”.

Según el relato de Brower, “¿cuántos minutos, horas más vivirá el ser humano en la Tierra?”, preguntó el Clarinero.

vidap@intelnet.net.gt

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