Guatemala, 9 de mayo de 2008
Revelaciones
Por Margarita Carrera
Tal es el título que lleva el libro de ensayos críticos de Lucrecia Méndez de Penedo.
Editado por la Revista Cultura de Guatemala 2007, Universidad Rafael Landívar, es, en verdad, una obra maestra que reune gran parte de sus diversos trabajos sobre literatura y arte de esta destacada crítica y ensayista guatemalteca. Empezando con los “autores fundacionales guatemaltecos”: Rafael Landívar, Enrique Gómez Carrillo, Rafael Arévalo Martínez, Miguel Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón. ¿Ninguna mujer como autora fundacional? Todavía no. ¿Algún día? ¡Quién sabe! Quizá nunca.
El curriculum de Méndez de Penedo asombra. Imposible plasmarlo en este artículo; además, esta autora es ampliamente conocida en el mundo artístico, literario y académico. Su solo nombre evoca erudición unida a estilo impecable. Oigamos sus propias palabras: “Padecer el mal de la literatura sólo se explica y tolera porque es vocación irrenunciable. Quien ama las letras y el arte no puede ser indiferente a la falta de belleza en la vida(…)” Por algo le decía yo, allá por los años 80, “doctora”, cuando aún era mi alumna. “Doctora, por favor, pase a desarrollar este tema”, mientras me acomodaba en uno de los escritorios lista para aprender la lección que nos daría. Ella pasaba, e impartía una verdadera cátedra. Yo y mis otros alumnos aprendíamos montón. En pocas palabras, la explotaba. Pero con su dulzura nos demostraba un talento inigualable, una sensibilidad fuera de lo común, una comprensión de textos insólita.
Celosa, porque jamás había escrito nada sobre mi poesía, se lo reclamé. Me cuesta escribir sobre usted, me dijo. Sin embargo, lo hizo. Me lo envió vía electrónica. Ahora está en El hilo del discurso. El título: Epifanía en el infierno. En él, levanta su propio poema en prosa. Breve, pero magnífico. La cito: “Desde la fosa del último círculo dantesco, extenuada y todavía con un poco de hielo en la boca, Margarita Carrera se rescata a sí misma por la palabra. No para ascender a diáfanos cielos o purgatorios improbables, sino para ingresar con lúcida pasión en la imperfecta condición humana(…) Su propia Selva Oscura es el escenario de persistentes caídas hasta desplomarse en las llamas glaciales de los traidores, quienes le han negado el ‘paso a la vida’, despojándola de ilusiones y recuerdos en un vía crucis circular. Hambrienta de plenitud, emerge de una infancia marchita hacia una adolescencia que exigía el infinito. Su único sostén, la exacerbada sensibilidad, el asombro puntual ante la belleza y el horror(…) Epifanías fulminantes, el amor y la palabra(…). Mar adentro, Margarita cincela en el agua su tierra firme. Su poesía es fluida, desborda cauces, inventa palabras, ignora vínculos, dilata el tiempo, reitera para apresarse y expresarse. Su pasión océanica requiere una expresión límite y sorprendente, como en el mejor claroscuro barroco. La densidad de su buceo interior ilumina zonas prohibidas –casi intimidantes- pero necesarias para quitarse los velos piadosos del alma(…)”.
Apenas dos páginas y media, ¡pero qué páginas! Gracias, Lucrecia, y perdone que la cite pero quiero que todos lean este ensayo que me ha conmovido. Está en la página 277 de su estupenda obra. No un análisis frío, medido; un ensayo borrascoso, tupido y espléndido. El libro de Lucrecia es denso. Se debe leer lentamente, ensayo por ensayo. Pero se puede alterar el orden. Empezando, si se quiere, por “Epifanía en el infierno”. ¡Mi gratitud, Doctora insigne, amiga mía de ayer, hoy y siempre!
Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos
© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio