Guatemala, 9 de mayo de 2008
Ayer fue inhumada Magda Eunice Sánchez (1946-2008)
“Con Magda se va la magia y poesía visual de las artes guatemaltecas”.
Curador de la última exposición, en Galería El Áttico
“Es una gran pérdida para el arte guatemalteco, sobre todo, femenino. Para mí ella era la reina del arte en Guatemala. Su obra es maravillosa”.
Escultora
“ Con la partida de Magda Eunice se me va parte de mi vida y mi ser “.
Curadora de arte, pintora y amiga
“Magda Eunice era una dama hecha y derecha, tenía mucha personalidad era muy agradable trabajar con ella. Yo sigo siendo admirador de su obra”.
Fotógrafo
Por lucía herrera
Después de haber sufrido un cáncer terminal, descansa en paz una de las artistas plásticas más reconocidas en Guatemala, cuyo arte, a pesar de haber sido autodidacta, era único, lleno de poesía, fuerza y creatividad.
Magada Eunice Sánchez comenzó a dibujar desde pequeña, siempre estaba dibujando, incluso contó en alguna oportunidad que recordaba a una maestra que la dejaba trabajar con su propio estilo. Sin embargo, fue hasta que tenía unos 20 años de edad cuando tomó el arte en serio. “Quise tener pinturas y empecé a hacerlas”, dijo en una entrevista publicada en Prensa Libre.
De allí en adelante su carrera fue muy fructífera y en asenso, a pesar de que en esa época (década de 1960 y 1970) los grandes artistas de la plástica nacional eran hombres. Además, ella nunca aceptó a ningún maestro porque decía que no le gustaba tomar elementos de otros, ni de aquí ni de fuera, porque así su trabajo era más apasionante.
Su manifestación artística fue polifacética, trabajó dibujo, pintura, ilustración y escultura.
Sánchez se entregó por completo al arte plasmando en sus obras su mundo interior y sentimientos como persona. Sus temas favoritos fueron mujeres, bailarinas, caballos y gatos. Los caballos le gustaban por su elegancia y expresividad. Además, según comentó en varias ocasiones, los caballos representaban muchas cosas: entradas triunfales, huidas, cabalgatas y todo lo que puede ser símil en la vida.
Los gatos le gustaban porque se enrrollaban y a la vez se hacían largos y podía jugar con sus formas. Y las bailarinas, por el movimiento y la música que inspiraba ese movimiento. Otro de los temas recurrentes en sus obras son las manos, solas o entrelazadas, las que utilizaba como símbolo de libertad y expresión.
En cada obra que pintaba, la artista buscaba siempre mantener la frescura y espontaneidad de la infancia cuando se goza cada trazo y se espera con entusiasmo el resultado final.
La obra de Magda Eunice Sánchez fue muy bien recibida desde el inicio. Ganó importantes premios dentro y fuera del país. En total montó más de 100 exposiciones personales y colectivas en Guatemala y el extranjero.
Ingrid Klussman, directora de galería El Túnel y gran amiga de la artista, comenta que Sánchez fue “una mujer que supo imponer su estilo muy personal y único con mucha fuerza creadora. Tuvo originalidad en sus temas, y abrió brecha entre la nueva generación de mujeres. Siempre fue sencilla, humilde y sumamente sensible. Ella seguirá siendo un símbolo de la fuerza que puede tener y desarrollar una persona. Además era muy amable y cariñosa, se daba a querer, y eso era visible en sus obras”.
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