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Guatemala, 2 de octubre de 2008

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PERSISTENCIAMargarita CarreraLimpieza social

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El 15 de agosto recién pa- sado salió, tanto en Prensa Libre como en elPeriódico, la denuncia que hace el Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos sobre el incremento de ejecuciones extrajudiciales contra jóvenes. Según la Caldh, el 30 por ciento de las muertes de jóvenes estaría vinculado a ejecuciones extrajudiciales. “Estamos sumamente consternados porque este año la cifra de muertes violentas sobrepasa los mil, y en su mayoría se trata de jóvenes”, dijo Ábner Paredes. El año pasado, expresó, agentes de la Policía Nacional Civil mataron a cinco jóvenes en el barrio El Gallito. “Las autoridades solo capturaron a los agentes implicados, pero las investigaciones no han avanzado”.

También la Asociación Cristiana denunció que el 10 de agosto recién pasado fueron asesinados tres jóvenes voluntarios de esta agrupación en Palín, Escuintla. Paúl Menchú aseveró: “Sabemos que hay agentes de la PNC metidos en estos casos”. El año pasado, tres mil 60 jóvenes de entre 14 y 29 años fueron asesinados. De ellos, 276 eran mujeres, y dos mil 784, hombres.

El director de la Caldh, Pablo Minerva, dijo conocer las características de estos crímenes. Los cadáveres “denotan tortura, tienen el tiro de gracia, y los victimarios buscan un lugar oscuro y solitario para abandonar a las víctimas”.

Sobre este tema, Victoria Sanford, en su libro Guatemala: del genocidio al feminicidio, tiene un capítulo muy importante titulado “Limpieza social versus violencia pandillera”. “El término ‘limpieza social’ —escribe— se refiere al mecanismo de represión, selectivo o indiscriminado, producido por agentes armados con conexiones con el Estado o agentes particulares que reprimen con la aquiescencia, complicidad, apoyo o tolerancia del Estado. La limpieza social es una violación directa del derecho humano a la vida. Se dirige hacia individuos o grupos de individuos considerados como indeseables, con el objetivo de intimidar y exterminar(…)”. Los actores de esta práctica son defendidos por la impunidad imperante, ya que el Estado los protege.

Sanford declara que si los cadáveres aparecen con señales de tortura, se trata de limpieza social. Asimismo, tales asesinatos se cometen en un sitio determinado, y luego son tirados en otro lugar. Aunque en Guatemala y otros países latinoamericanos tienen un problema serio con las pandillas, hay rasgos de la actividad pandillera que los diferencia de la limpieza social. Las pandillas tienden a practicar la violencia dentro de territorios determinados que defienden en contra de otros pandilleros. Muchas veces las pandillas se unen al crimen organizado (narcotráfico o grupos paramilitares), creándose sicarios, como los de Colombia. Además, la violencia pandillera casi siempre usa armas de fuego y armas blancas. Con frecuencia, la víctima lleva en su cuerpo un distintivo representando la autoridad de la pandilla que la asesinó. Los asesinatos perpetrados por pandilleros se llevan a cabo de la manera menos complicada y más rápida, debido a la falta de capacidad y de recursos. Operan en un entorno inseguro. Los cadáveres resultantes de un asesinato pandillero generalmente aparecen dentro del territorio de la pandilla dominante y también en el mismo sitio donde fue asesinado.

La limpieza social, en cambio, requiere de una infraestructura y de recursos que solo puede proporcionar el Estado. Al utilizar la tortura, lo que se busca es generar el terror, también ganar la aceptación de los ciudadanos, al convencerlos de que solo con “la mano dura” se logra erradicar a los “indeseables”.

Otro dato importante de la limpieza social es que la ropa de la víctima nunca es devuelta a los familiares. Asimismo, hay artículos periodísticos que tienden a echar un manto de sospechas sobre las víctimas. Por ejemplo, si es varón, que lleva tatuajes; si es mujer, se afirma que la víctima llevaba un arete en el ombligo, o algún otro detalle que la señale como posible prostituta.

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