Guatemala, 6 de enero de 2009
Un libro descubre la historia americana oculta en Barcelona
El edificio La Pedrera, diseñado por Gaudí, se construyó con una fortuna amasada en fincas cafetaleras de Guatemala.
Por Virginia Mata
Barcelona. El origen guatemalteco del edificio La Pedrera o el bautizo de las judías argentinas con el nombre de “peronas”, tras la visita de Eva Perón a Barcelona, son algunas de las anécdotas que saca a la luz el libro Veinte historias de la Barcelona americana... y una pregunta descarada.
La obra, del periodista Héctor Oliva y publicada en catalán y castellano por la Editorial Base y Casa América Cataluña, descubre el entramado histórico que se teje entre los callejones barceloneses y algunos rincones de Canadá, Argentina, Venezuela, Perú o las islas del Caribe.
Oliva desempolva huellas de grandes personajes como Rubén Darío, recordado en uno de los muros del Parlamento de Cataluña con una pequeña placa, y con otra en la casa del Tibidabo donde pasó una larga temporada a principios del siglo XX.
También habla de personajes que no estuvieron en Barcelona, pero a quienes la ciudad reconoce como parte de su historia, como Simón Bolívar, en cuyo honor se erige una estatua en la Barceloneta y otra en la calle de la Foixarda de Montjuc.
Muchos de los lugares sobre los que Oliva habla son considerados símbolos de la ciudad.
Entre ellos, La Pedrera (de origen guatemalteco y construida gracias a una fortuna amasada en fincas cafetaleras), la estatua de Colón, el Palau Gell o el Palau de la Virreina, “pero la historia que se esconde detrás de ellos es mucho menos conocida”, explicó a EFE el autor.
La “pregunta descarada” que lanza hacia el final del texto (“¿Alguno de ustedes sabe escribir?") es una reflexión sobre el boom latinoamericano, que tuvo como cuna a Barcelona.
El título recrea la pregunta hecha por el dueño de un restaurante a Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, José Donoso y Gabriel García Márquez durante una cena en la época en la que todos vivían en esa ciudad española.
La idea de descubrir los relatos que guardan las paredes de la ciudad surgió a raíz de los paseos que el escritor llevaba a cabo con su hijo recién nacido, con quien se dejó llevar por lugares poco frecuentes en el recorrido cotidiano de un barcelonés.
Así, conduciendo un carrito de bebé, llegó “a las faldas de Roquetes, a las plazas de La Mina, a las cuestas de Sant Genís, a las casas encaladas de la Merc de Les Corts, a las mansiones de Horta o a las casas baratas del Turó de La Peira”, como escribe en la presentación de su libro.
De la “degustación” visual de esos rincones, y de la amplia información documental escrita sobre la ciudad ha surgido una obra que presenta a Barcelona como “el punto neurálgico donde basculaba esa relación entre la Península y América”, según el propio autor.
Sus páginas, asegura, no fueron escritas con la intención de “ser exactos y rigurosos”. Su intención fue “comprobar que Barcelona no ha sido una ciudad volcada solo hacia el Mediterráneo y Europa, sino también hacia América, a la que debe posiblemente buena parte del esplendor con que hoy se muestra a los ciudadanos y a los visitantes”.
EFE
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