Guatemala, 9 de enero de 2009

CATALEJO
La incalificable acción de la CSJMario Antonio Sandoval

IMAGEN ES PERCEPCIÓNEl error en GobernaciónBrenda Sanchinelli Izeppi

SIEMPRE VERDEConflictos ambientalesMagalí Rey Rosa

VENTANATemerle al miedoRita María Roesch

LO QUE EXPRESOMensaje de esperanzaJosé Miguel Argueta

DE MIS NOTASAlfred KaltschmittSeguridad, siempre la seguridad
De lejos, esta tierra de volcanes y cielos azules parece remota e invisible para el viajero chapín que deambula en otras latitudes. Al poco tiempo de estar en Europa o en los EE.UU., el funcionamiento del sistema político y social impresiona y después se abraza con avidez. Todo funciona, hasta las correcciones de los que no se ajustan al mismo.
Esta sensación de vivir en un sistema funcional es un alivio para aquellos que se han acostumbrado a vivir en un sistema medio colapsado, en donde casi todo funciona a medias y en forma ineficiente.
De todas estas impresiones sobresale el alivio de la liberación de la paranoia y la inseguridad. El no tener que voltear para atrás con temor. El dejar paquetes en el automóvil sin preocuparse de que lo abrirán; o simplemente pasear por las calles con una sensación de tranquilidad y paz. Cosas todas que son de lo más normales en aquellas tierras, y aquí es todo lo contrario.
Al volver a la patria, lamento admitirlo, el shock es inmediato, y el frío de todo aquello que por algunas semanas había desaparecido vuelve a calar los huesos. ¿Podré dejar las maletas un instante, mientras hago una llamada telefónica? ¿Será que el taxi al que abordo en el aeropuerto es seguro? ¿Estarán siguiendo este automóvil que me vino a recoger? ¿Habrá algún autopatrulla con policías criminales esperándome en la carretera? ¿Encontraré la casa intacta al llegar?
Todos los mecanismos de defensa natural se vuelven a activar desde el momento en que pisamos nuestra tierra. Qué lamentable. Y qué lamentable que no importe cuántos ministros de Gobernación o directores de la Policía o gabinetes de seguridad se cambien, si el sistema es el que no funciona porque tiene fallas estructurales que en forma recurrente y permanente impiden que funcione como un todo integral.
¿Cuántos estudios, foros, seminarios, editoriales, columnas y reportajes han señalado en la última década la misma causa y el mismo diagnóstico? “Que es un problema estructural”. Que el sistema de justicia es un “banquillo de tres patas”: Policía Nacional, que previene y captura; Ministerio Público, que investiga y procesa, y el Organismo Judicial, que condena. Que si uno de estos no funciona eficientemente el sistema colapsa. ¿Cuántas veces se ha señalado que el Ministerio Público está desbordado y no tiene los suficientes fiscales para investigar todos los casos? ¿Cuántas veces no se ha señalado que la Policía Nacional no puede operar sin cuadros profesionales, y que los comisarios deben salir de los mandos medios del Ejército con una especialización en seguridad civil? ¿Que sin la debida inteligencia civil es imposible prevenir los crímenes? ¿Que las comisarías deben organizarse con enfoques de prevención y vigilancia comunitaria, al estilo chileno?
Ni hablar del Organismo Judicial, que en vez de ampliarle el presupuesto se lo han reducido. ¿Y qué de los jueces corruptos que no son despedidos por entuertos legales que nadie entiende? ¿Y qué de los jueces probos y eficientes, que no son promovidos y tomados en cuenta como modelo? ¿Y qué de los jueces que están indefensos y a merced de las amenazas de los criminales?
Con esta realidad nos levantamos y con esta realidad nos acostamos. Y poco se puede hacer nombrando a nuevos ministros, si no se arreglan los problemas de fondo.
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