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Guatemala, 14 de enero de 2009

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Opinión

UCHA’XIKA la ministra de EducaciónSam Colop

COLABORACIÓNEmpresas y DD. HH.Anders Kompass (*)

ECLIPSEPaciencia y serenidadIleana Alamilla

A CONTRALUZEl lobby israelíHaroldo Shetemul

CARA PARENSSaliendo del infiernoSamuel Pérez De León



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CATALEJOMario Antonio Sandoval
No debe extrañar la
baja popularidad

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POPULARIDAD ES LA aceptación de alguien entre el pueblo. Esta palabra, por extensión, se puede aplicar a cualquiera de los grupos en los cuales se divide una sociedad, no solamente a los estratos socioeconómicos bajos. Por eso es posible hablar de popularidad entre los empresarios, estudiantes universitarios, profesionales liberales, etcétera. Esto debe ser tomado en cuenta cuando se comentan los resultados de las mediciones de este campo, en referencia a los gobernantes, sobre todo con el fin de entender la seriedad real de resultados de escasez de popularidad, cuando se obtienen en mediciones de opinión pública aplicadas a todos los estratos sociales. La información otorgada en esa forma es la más útil para conocer la realidad nacional.

VARIOS FACTORES AFECTAN el nivel de popularidad. El primero y principal se refiere a las esperanzas despertadas durante los procesos electorales por los candidatos posteriormente ganadores. Es un efecto paradójico: mientras más éxito se tiene para despertar el interés de los votantes, mayor será el descenso cuando empieza a pasar el tiempo y no se cumplen las promesas, y sobre todo las expectativas. Otro factor es la experiencia o conocimiento de las personas llamadas a acompañar al candidato triunfante. En los últimos gobiernos, éste ha sido uno de los factores contribuyentes en mayor porcentaje al descenso de las cifras de aprobación en la actividad de los presidentes, los demás políticos, los partidos, los diputados y los alcaldes.

TOMAR ESTO EN CUENTA es imprescindible para explicar la razón de las bajas cifras de la popularidad del Gobierno, y en especial del presidente Colom, en quien parece cumplirse una vieja realidad: el porcentaje de aprobación de la tarea presidencial en un país como el nuestro, va en relación también directa con la imposibilidad de un presidente para actuar como un mago con varita mágica, resolviendo todos los problemas de inmediato. Se debe, además, agregar otro factor: el período de aprendizaje de cómo gobernar muchas veces dura demasiado tiempo, sobre todo cuando los equipos llamados a participar en el Gobierno carecen, o dan la impresión de carecer, de la experiencia y de la capacidad necesarias para justificar su nombramiento.

AL COMPARAR LOS RESULTADOS de los últimos cuatro presidentes, la constante es notoria. Quien pudo mantener un mayor nivel de popularidad fue Ramiro de León Carpio, a causa, sobre todo, de proyectar una imagen de buena gente, como decimos los guatemaltecos. El innombrable Serrano y Arzú eran correctamente percibidos como poco tratables. Cerezo y Portillo, como despreocupados de sus tareas, y Berger, como simpático, pero poco eficiente. El problema principal del presidente Colom, aunque no el único, lo constituye la percepción de estar demasiado influido por los criterios y decisiones de su esposa. Los resultados están a la vista, acompañados de realidades como el aumento indiscriminado de la delincuencia en el país.

ESTAS CIFRAS NO SON el resultado de supuestas y absurdas asonadas periodísticas —incluyendo proyectos de magnicidios—, todo lo cual genera reacciones situadas entre la incredulidad, el rechazo y la hilaridad. Por eso deben ser consideradas como son, realmente, información confiable, por no provenir de fuentes interesadas, cuya principal utilidad consiste en señalar cuáles son las líneas de acción de un gobierno para tomar las medidas correctivas o para iniciar tareas distintas. Ejercer el gobierno provoca en demasiada gente la equivocada idea de ver en cualquier tipo de crítica una acción malintencionada y casi hasta criminal. Pero esta actitud solo puede cambiar cuando quienes la tienen se dan cuenta de su lamentable error.

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