Guatemala, 2 de julio de 2009

PERSISTENCIAImportancia del Archivo HistóricoMargarita Carrera

INDEPENDENCIASin hipocresíasJuan Callejas Vargas

IDEAS¿Y la Constitución?Jorge Jacobs A.

ALEPHLegados de bananeraCarolina Escobar Sarti

RELFEXIONESPor la institucionalidad Frank La Rue Lewy

PERSPECTIVASRenzo Lautaro RosalOtras dimensiones del golpe
El reciente golpe de Es-tado en Honduras no tiene justificación alguna, pero demuestra que las variables tradicionales de estudio se han quedado cortas. Si bien, la cadena de condenas y el profuso discurso pro democracia son los elementos comunes, se debe ser cuidadoso en la lectura de lo experimentado en el vecino país. Existe dificultad en calificar lo sucedido. Este evento marca el desarrollo de movimientos políticos que quedan en una zona gris, entre los tradicionales eventos golpistas y las acciones que se promueven en el marco constitucional. La lucha por la institucionalidad abarca más allá de la figura del presidente.
Las constituciones políticas de nuestros países se quedan cortas en sus mecanismos para salir de los apuros causados por presidentes que se salen del orden legal, y que al amparo de masivos apoyos populares provocados por su clientelismo, se interesan en mantenerse en el poder.
El fantasma de los golpes de Estado generados o respaldados por los ejércitos no se ha desterrado de Centroamérica. Las fuerzas armadas hondureñas son cualitativamente distintas a las nacionales. La sola destitución de la cúpula militar fue parte de los detonantes. Su autonomía real, composición, tamaño, disciplina, respaldo de Estados Unidos, poderío financiero y experiencia golpista distan bastante del estado actual de las guatemaltecas; aunque nunca debemos confiarnos demasiado. En Guatemala, la destitución en diciembre del 2008 no causó reacción alguna.
Desde hace varias semanas existía en Honduras un proceso de desgaste institucional acumulado, tras la serie de hechos propiciados por el presidente Zelaya. Día a día se sumaban sectores que cuestionaban sus decisiones. Esto era más que un movimiento anti-fantasma-chavista. La acumulación de molestias alcanzó su máximo nivel. Se le sindicaba de abrogarse más funciones de las constitucionalmente asignadas y pasar por encima de la ley. El respaldo fue la fuerte base social y el alto nivel de popularidad.
Era previsible que en los siguientes días se pusieran en marcha acciones, producto del previsible voto mayoritario que allanara el camino para la reelección de Zelaya. El error táctico fue adelantarse a tal escenario.
La medicina agravó la enfermedad. Esto nos haría recordar el autogolpe de Serrano Elías. ¿Qué pasará si Zelaya regresa al poder? ¿Retomará su agenda con mayor fuerza en pos del continuismo? ¿La comunidad internacional está consciente de lo que significan sus apoyos? ¿Qué agenda se está beneficiando en definitiva? ¿Estamos a las puertas de la reconfiguración de la agenda política continental? ¿Se está reconvirtiendo el llamado populismo?
rlrosal@yahoo.es
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