Guatemala, 2 de julio de 2009
Rina.montalvo@gmail.com
14:57 | 26/06/2009
Debemos tener un momento para la gente que nos necesita.
Este mensaje refleja el doloroso drama de abandono de tantas madres que van solas por la vida, cargando con sus hijos, sin saber si tendrán fuerzas para el amanecer del siguiente día y ganar el sustento de su familia. Son miles de madres abandonadas, que hombres sin conciencia dejan en la peor miseria, sin que reciban el castigo de la ley.
Se trata de padres sin moral y sin principios, inhumanos y sin amor por nadie ni temor de Dios, que dejan a sus hijos en medio del hambre, la enfermedad y la miseria, y se olvidan de ellos, como diciéndole a las madres: Allí queda “eso”, como si se tratara de una “cosa incómoda”, y no de pequeños seres humanos, que ellos han traído al mundo. En cambio, no hay madre que haga eso con sus hijos.
Al conocer los lectores el caso de esta madre, que hoy nos escribe para contarnos su situación, sentirán el corazón oprimido y querrán correr hacia esta mujer para, al menos, evitarle un día más de angustia, respondiendo a su llamado, cuando dice: “Esta carta la escribo llorando y confiando en Dios que, por favor, no me desamparen. Yo estaré esperando su ayuda y pidiendo a Dios que bendiga a todas las personas de buen corazón.”
Y éste es el drama que esta madre vive al lado de sus tres hijos: “Yo soy una mujer muy pobre y tengo tres niños, uno de 3 años, otro de 7 y uno de 11; pero hace cuatro años que el más grande padece de fiebre reumática en los huesos y, además, tiene infección en la sangre, que ha sido controlada con quimioterapia. Debido a esa enfermedades le duelen mucho los pies al caminar, y por esto se atrasa para ir a trabajar formalmente, porque no tengo ni quién le dé su medicina ni me cuide a los chiquitos. No cuento con la ayuda del papá, porque él nos abandonó y se fue a vivir con otra mujer. Los niños y yo quedamos en la calle, pero con lo que yo gano, por lavar y planchar, decidí alquilar un cuartito, aquí en San Pedro Ayanpuc”.
Y sigue así su caso: “No cuento con la ayuda de nadie. Sólo cuento con el consuelo de mi Dios, a quién le pido fortaleza. Lo que necesito de las personas de buen corazón es una estufa con una plancha grande, de gas, y una licuadora, para poner una venta de tortillas y licuados, y así tener cómo trabajar y sacar adelante a mis hijos. Además, estamos durmiendo en el suelo, y si alguien tiene la posibilidad de ofrecernos una cama y unas chamarras, que me hagan la caridad de regalármelas. Yo les estaré muy agradecida a los lectores, por su valiosa ayuda.”
Así termina esta triste historia. La de una joven madre que de verdad necesita nuestra ayuda. Es un consuelo para mí tener la oportunidad, en este espacio de mi columna, poder dar a conocer sus necesidades. Sé que siempre hay lectores que están prestos a responder, cómo en otras oportunidades, cuando se ha pedido su colaboración, y que con su generosidad, han hecho una obra de verdadero amor al prójimo. Pero como no todas las personas que desean ayudar a esta madre, tienen la oportunidad de llegar hasta San Pedro Ayanpuc, pueden llamar al número de teléfono 2412-5600 de Prensa Libre, para proporcionarles el número telefónico de este caso. Gracias por su comprensión y su solidaridad.
P. D. Estimado licenciado, que tituló su mensaje “Lo que se siembra se cosecha”, quiero decirle que me preocupa su situación y que es mi deseo responderle, en el menor tiempo posible, pero debo buscarle una solución efectiva, y de momento no la he encontrado.
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