Guatemala, 7 de julio de 2009

DE MIS NOTASCiciguimos asíAlfred Kaltschmitt

MIRADORClub de chifladosPedro Trujillo

HOMO ECONOMICUSCuarenta y ocho horas...José Raúl González

WACHIK’AJEmbargoMartín Rodríguez P.

PUNTO DE ENCUENTROHonduras: dolor y sangreMarielos Monzón

SIEMBRACarlos Enrique Zúñiga FumagalliCon mis propios ojos
La semana recién pasada com-partí con ustedes mi apreciación inicial sobre el cambio que ocurrió en la hermana República de Honduras, como ciudadano centroamericano amante de la libertad, quise conocer con mis propios ojos la realidad.
Los medios internacionales de noticias hablan de un golpe de Estado, de represión, violencia militar y de zozobra en dicho país. Han pintado al ex presidente Mel Zelaya como a un héroe atropellado por un grupito de “derechistas” oligarcas que con unas fuerzas armadas violentas derrocaron al “inocente e indefenso” Mel. Que fue sacado a balazos sin ningún motivo, que su familia es perseguida y está escondida en la jungla más tenebrosa —han mentido—. Le han dado todo el espacio mediático junto con su jefecito, el tirano imperialista violento de Hugo Chávez.
Las organizaciones como la maltrecha y desprestigiada Organización de Estados Americanos (OEA), las Naciones Unidas y un montón de gobiernos anticiparon juicio en forma parcial sin escuchar la versión del pueblo hondureño. Atendieron solo la de un populista, bocón, mentiroso, impopular, delincuente y autoritario que pretendió imitar a los tiranitos compinches del diabólico venezolano para ilegalmente perpetuarse en el poder. Condenaron a todo un pueblo valiente y democrático.
Mis amigos catrachos me contaban otra versión, de libertad, júbilo y alivio. Pues bien, me monté en el avión (porque mi brillante y solidario gobierno cerró la frontera con nuestros hermanos ilegalmente) y me fui a Tegucigalpa para “ver con mis propios ojos” la realidad. ¡Qué sorpresa! Llegué a la misma ciudad tranquila que conocía. Busqué hasta bajo las piedras las docenas de tanquetas que CNN reporta, no estaban. Aquella ciudad “militarizada” en donde no logré ver más que policías civiles, por más que busqué no encontré soldados. Veía banderas hondureñas por doquier y miles de personas con camisas blancas en apoyo al cambio.
Asistí a una manifestación masiva el viernes, más bien era una fiesta cívica. Música, por lo menos 40 mil asistentes, pancartas con caricaturas ridiculizando a Chávez y su Mel. Discursos de paz y libertad, gente de todas las etnias y niveles socioeconómicos, que cantaban y vitoreaban hondeando miles de banderas cuando sobrevolaba un helicóptero de las fuerzas armadas. Miles que a una sola voz gritaban a todo pulmón: “¡Fuera Chávez… fuera Mel! ¡Que viva Honduras… que viva la democracia!”. Conversé en las calles con muchos: mujeres, jóvenes, ancianos, hombres, obreros, profesionales, estudiantes, reporteros, camarógrafos, empresarios, vendedores, policías y otros. Todos están claros que en Honduras no pasó un golpe de Estado, que Mel es un delincuente, que no lo quieren de vuelta, que era un prepotente mentiroso y súbdito de Chávez.
No olvido a una aguerrida joven de unos 24 años que me repetía una y otra vez: “Chávez es el mismísimo demonio, yo prefiero ser pobre pero poder hablar lo que pienso. Ustedes en Guatemala ni se les ocurran aceptar el tal Petrocaribe ni el ALBA, puesto que van a venderse al diablo. Ustedes en Guatemala no se vayan a dejar babosear con ese tal ALBA o van a parar peor que nosotros. Nosotros casi no nos libramos”. La violencia y vandalismo es producto de los escasos simpatizantes del Mel y una pandilla de “internacionalistas”. ¿Qué tal?
cezunigaf@hotmail.com
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