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Guatemala, 9 de julio de 2009

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PERSPECTIVASRenzo Lautaro RosalUrge mayor contundencia

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Las constantes crisis po-líticas que experimentan nuestros países están motivando, de a poco, mayores acciones colectivas. Los organismos internacionales, creados con el objetivo de contribuir al mejoramiento de las democracias, están demorando en sus acciones; no responden a la demanda por una mayor contundencia en sus acciones; aún tropiezan con agendas que entremezclan prioridades e intereses de otros actores que al amparo de mayor astucia y protagonismo han sabido sacar ventaja. La crisis de Honduras evidencia este conjunto de factores.

Nuestro precario desarrollo político pone en evidencia las constantes metamorfosis. Las enemistades de ayer pronto se convierten en relaciones de amor. Las desconfianzas se transforman en contubernios. Los discursos se modifican rápidamente. Las críticas y descalificaciones, como las demostradas contra la OEA y el Gobierno de Estados Unidos por Manuel Zelaya, pronto han pasado al “olvido temporal”; todo para defender su intento de retorno a la Presidencia en Honduras.

Llama la atención el protagonismo que ha ido adquiriendo la OEA, que intenta sobreponerse a las intensas críticas que desde hace varios años han arreciado sobre dicho organismo, cuyas capacidades han resultado limitadas para salir al paso ante los constantes aprietos del continente. Hace algunas semanas su agenda fue determinada por el desbloqueo a la participación de Cuba en su seno. Ahora, esta misma instancia encabeza el frente continental en favor de la democracia y para desterrar el autoritarismo. Es deseable que este accionar supere el peso de la coyuntura y permita retomar su rol protagónico en el continente.

Corresponde a la OEA demarcarse de la agenda propuesta por otros para definir la propia. Su papel en propiciar el diálogo que permita la distensión en Honduras resulta clave, aunque hubiese sido más determinante si este organismo, al igual que otros actores internacionales, estuviesen más atentos de lo que sucedía en dicho país para impedir la escalada que ya arroja cifras de muertos, heridos y detenidos. La OEA pudo enviar, desde un principio, una misión para constatar en el terreno lo que realmente estaba pasando y servir de alerta temprana, tanto a las fuerzas sociales y políticas hondureñas como ante la comunidad internacional. Este carácter preventivo es la principal misión que se espera del organismo, lo cual está respaldado por el artículo 20 de la Carta Democrática Interamericana. La evocación al artículo 21, contenida en la resolución que suspendió a Honduras, es un hecho contundente y correcto, pero existen otros mecanismos que pueden ponerse en marcha.

rlrosal@yahoo.es

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