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Cabalgateatro: Plastilina en el teatro del IGA 

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Por Juan Carlos Lemus

17:00 | 03/07/2009

Se encuentra en temporada Plastilina, interpretada por Rompecabezas.

Original de la española Marta Buchaca, dirigida por Patricia Orantes, la obra es un drama de conflictos familiares, ingobernabilidad de jóvenes que rondan los 18 años, y cuenta un crimen y el encarcelamiento.

A su favor, el montaje tiene la espontaneidad de nuevos actores (el grupo se formó hace tres años), más la experiencia del gran actor Jorge Hernández Vielman (Papá) y de Marisabel González (Mamá).

Es la historia de una familia y cinco muchachos entre quienes se encuentra Marc, quien sale de la adolescencia hacia la juventud. Tiene, por lo tanto, restos de sobreprotección materna. En su casa es todavía el niño que se deja coser los ruedos por su madre; en la calle, el líder negativo y macho jactancioso.

Hernández Vielman sabe dar vida al padre. Cuando él actúa —en cualquier obra—, el escenario se concentra en torno suyo. Es un imán aparentemente débil, flaco, encorvado, pero en realidad es poseedor de gran aplomo; es un actor bien aceitado en el que todo funciona. Verlo andar, oírlo hablar u observarlo cuando ve televisión es apreciar cómo convierte, sin esfuerzo, pequeños detalles en admirables facultades actanciales.

El cuadro familiar, como hemos visto, se encuentra fundado sobre graves problemas psicológicos. Los resultados son los previstos: un hijo agresivo y criminal.

Fuera de casa, los muchachos chapotean entre sus lluvias hormonales; tienen sus primeras experiencias sexuales y pleitos. Un cuadro normal. Cristian Dávila (Marc), Patricia Jacobo (Lali), Claudia Castellán (Laura), Roberto Liao (Paul) y Édgar Navarro (Arnau) interpretan a jóvenes lanzados a una esquina social desde donde gimen y ladran. Sus actuaciones son intrépidas; ellos gozan cuanto hacen y eso es algo notorio en la presentación.

Admito que este texto me parece poco atractivo. Su tono moralista, aleccionador, me incomoda; no obstante, el original es ganador de un importante premio, el Teatro Ciutat d’Alcoi del 2007, en Barcelona.

Es una obra que valorarán mucho los jóvenes y los padres de familia. Los primeros, porque hay un lenguaje y escenas propios de ellos, y los padres, porque, quizá, hallarán algún reflejo de lo que ellos o sus vecinos crían en casa.

Dos factores parecen desfavorables en esta puesta. El primero es la iluminación. A la tragedia se suma tragedia con luces tenues, pero tanto que hasta parece un ahorro de electricidad. Es una obra de escenas bastante largas que sin mayor juego de luces provocan modorra, acomodamiento constante de las nalgas sobre las butacas, por mucho que los actores entreguen toda su alma. Otro factor es la pobre escenografía. Una mesa y tres sillas no bastan. Aun cuando hay un comedor, la calle y una cárcel, el cuadro visual es el mismo, totalmente plano, con uno que otro repujado dado con un par de linternas y cerillos.

Se podría argumentar que tales carencias responden a un intencionado minimalismo, al estilo Grotowski, pero, en tal caso, habría una exigente supremacía del gesto y otros detalles que no son el caso. El montaje me parece bueno para ser llevado a foros. El público, el día del estreno, salió altamente impresionado. Hubo lleno total. Lamentablemente, solo habrá dos funciones más, las del 21 y el 28 de julio.

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