Guatemala, 22 de junio de 2009
Por Guillermo Monsanto
12:05 | 19/06/2009
Es obvio que mientras el tiempo transcurre, los diccionarios artísticos empiezan a nutrirse, cada cierto ciclo, con nuevos nombres. Es por medio de eventos como Juannio que las propuestas jóvenes se hacen notorias.
Primero, por la difusión que corresponde a una convocatoria tan arraigada en la mente de los coleccionistas. Segundo, por la vistosidad con la que los organizadores se esmeran en presentar cada edición. Tercero, los registros mediáticos y el lujoso catálogo que, en sí mismo, es un documento histórico, el cual garantiza la perpetuidad de los artistas y sus labores en las historia del momento. Cuarto, marca las tendencias contemporáneas en boga, y respecto de los precios, ayuda a orientar el mercado. Más, no se puede pedir.
Es obvio el traslape intergeneracional. Los primeros puestos del certamen efectuado con intenciones curatoriales se los repartieron artistas ubicados en el cambio de los siglos XX y XXI. Tanto los premios de privilegio, como las menciones especiales etiquetadas como finalistas, están contenidos en ese corredor.
No es una sorpresa que José Manuel Mayorga haya obtenido la máxima presea. Desde que el autor se decidió a enseñarle al público sus trabajos en el 2005 (IGA), siempre ha logrado hacerse notar.
Un año después obtuvo un Glifo de Bronce, en la Bienal de Arte Paiz, y en el 2007, quedó tercero en Juannio. Muchos triunfos en un lapso verdaderamente corto. Es por esto que a él le dedicaré un espacio más significativo en una próxima edición.
Creo que es la primera vez que el concurso divide un premio entre dos trabajos. Sus autores son dos figuras muy representativas del final de siglo recién pasado: Jorge Mazariegos e Igal Permuth. El políptico Variaciones sobre un mismo tema, de Mazariegos, es una remembranza a lo Andy Warhol de los chuchos que le fueran censurados durante la XVI Bienal de Arte Paiz. Tema que además de acaparar la atención de la prensa nacional, puso sobre el tapete de discusión temas sobre la moralidad y los límites que ésta trata de imponer a los libres pensadores. La pieza, además de causar discusiones, posee un carácter anecdótico y satirizante que, más que disgustar, refresca. A esto se suman la composición armónica de sus contenidos, y un manejo muy bien pensado de las combinaciones de color. No hay que olvidarse que Mazariegos es pintor en toda la dimensión de la palabra.
Permuth, por su lado, también tiene lo suyo, y hay que tomar en cuenta que en esta década ha ocupado lugares de privilegio, tanto en exposiciones personales, como colectivas. Este fotógrafo es dueño de múltiples facetas. Su experiencia como coleccionista ha influido para que encuentre, en los objetos fotografiados, perfiles en los que se hace patente su necesidad de atrapar imágenes específicas relacionadas con el imaginario social; entre ellas, las que traen una cierta nostalgia cuya procedencia está ligada con referentes como trenes, paredes pintadas con grafiti, juguetes populares, el circo… La composición y el color, al igual que en Mazariegos, juegan un papel preponderante en la visión de conjunto…
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