Guatemala, 25 de junio de 2009

PERSISTENCIAContigo, MarielosMargarita Carrera

INDEPENDENCIAReflexiones de valorJuan Callejas Vargas

IDEAS¿Qué importa?Jorge Jacobs A.

ALEPHIrán en la miraCarolina Escobar Sarti

REFLEXIONES¿Hacia dónde vamos?Frank La Rue Lewy

PERSPECTIVASRenzo Lautaro RosalReadecuar el sistema político
Las señales de desgaste político marcan un punto no visto en las últimas décadas. Contrario a la dinámica política de anteriores períodos de gobierno, donde los años intermedios son los más intensos y es posible advertir los principales frutos, el período actual muestra señales prematuras de agotamiento. Presenciamos el momento actual con estupefacción y desagrado, pero estos factores no pueden ser eternos.
Los principales rasgos de la operatividad del gobierno central se han venido abajo. Probablemente, este factor marcará los dos años y medio que restan. Esta reducción de velocidad se ve asociada a la grave disminución presupuestaria y la prevalencia de una crisis global. Argumentos poderosos para potenciar la agenda de los programas de cohesión social, pero también para la reducción drástica de la agenda pública nacional. Peligroso escenario. Mayor desatención a prioridades, predominio de pendientes, tensiones en aumento; todos aparentes argumentos para la pérdida de control total. Este conjunto de factores favorece el adelanto prematuro de diversos procesos; entre éstos, el preelectoral. La desaceleración de una parte acelerará otros puntos. Las manifestaciones contrarias a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala son un signo de este ambiente desbocado de desafecciones. Lo mismo sucede con los intentos de incumplir la Ley de Comisiones de Postulación. Las muestras de vacío se han adelantado y, con ello, alimentado la impunidad.
Este escenario se magnifica por la incapacidad de los partidos políticos por entender, aunque sea al mínimo, el reclamo generalizado para que este tipo de organizaciones encabecen un verdadero movimiento de cambio. Tal como operan ahora, son las primeras instituciones interesadas en el estatismo. Sus escenarios de actuación dan la espalda a una realidad que se impone. Se espera mucho más de las organizaciones sociales que, pese a que sus agendas poco desarrolladas, carentes de creatividad y marcadas por la dispersión, pueden encabezar el llamado para romper la lógica de la indiferencia.
De las élites tradicionales poco se puede esperar. En éstas predomina el peso del oportunismo, la transformación de la continuidad y la provocación hacia un desgaste mayor. Entonces, ¿sobre quiénes deben y pueden recaer las señales del cambio? ¿Quiénes pueden convertir la anomia en momentos para la oxigenación permanente? Toda manifestación de cambio tendrá que ser orgánica y producto de alianzas no tradicionales. El momento actual es propicio para encarar nuevas y oportunas correlaciones de fuerzas; las que han obrado hasta hoy han fracasado en forma escandalosa.
rlrosal@yahoo.es
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