Guatemala, 25 de junio de 2009

PERSISTENCIAContigo, MarielosMargarita Carrera

PERSPECTIVASReadecuar el sistema políticoRenzo Lautaro Rosal

IDEAS¿Qué importa?Jorge Jacobs A.

ALEPHIrán en la miraCarolina Escobar Sarti

REFLEXIONES¿Hacia dónde vamos?Frank La Rue Lewy

INDEPENDENCIAJuan Callejas VargasReflexiones de valor
La vida es maravillosa y ofrece a quienes tenemos la oportunidad de ver en los pequeños o grandes incidentes de la misma, encuentros extraordinarios de gran valor para construir caminos de amistad y relación que refrescan y enriquecen el alma y el espíritu.
La semana pasada publiqué el artículo bajo el título ¿Cómo puedes dormir?; en el mismo, olvidé darle crédito, como es mi costumbre cuando acudo a textos de otras personas, a David Ruiz Molina, quien, por intermedio de un amigo, me había hecho llegar su reflexión. Esto me permitió pedir a David que escribiera otra de sus reflexiones, y valore usted lo hermoso que entrega bajo el título: ¿Para qué vivimos?
“El cuento de Juan Bosch, La Muchacha de La Guaira es impactante. Describe a una joven que, en el Puerto de La Guaira, se encuentra en ese momento por el que todos pasamos, cuando se aviva en nuestro corazón el deseo de saber para qué vivimos… La parte dramática se desencadena cuando alguien preguntó: ¿cuál es el destino nuestro? ¿Adónde vamos?
Un marinero alemán contestó y dijo: - Yo creo que el fin del hombre es ser feliz, la humanidad busca inconscientemente la felicidad. La muchacha de La Guaira saltó y al oír esas palabras irrumpió diciendo: Sí, sí, la gente quiere ser feliz, yo quiero ser feliz, tú has dicho lo que yo siento, Hans. Todos la vieron con respeto, exaltaron en silencio su inocencia y su deseo de vivir... menos un hombre que, haciendo un gesto de honrar a una gran dama, exclamó: La felicito, joven, pero no es la felicidad lo que busca la humanidad. Vivimos porque tenemos que vivir... Nosotros, los seres humanos, nos perdemos todos en la muerte, en la nada. Eso es todo.
La muchacha de La Guaira palideció. A partir de entonces, la tristeza asomó a su rostro. La idea de que todo terminaba con la muerte, le fue quitando la poca paz que tenía y decía sollozando: solo tengo un recuerdo bonito en mi vida y no puedo creer que va a perderse, que se acabe con la muerte. La tristeza y desesperación fueron creciendo hasta que, sumida en ellas, comenzó a correr como loca en dirección al muelle y, se lanzó al mar. Cuando la policía llegó ya era demasiado tarde, la muchacha de La Guaira estaba muerta.
Me he preguntado ¿qué esperanza podría haberle dado a la muchacha de La Guaira? En el libro de Ester, en la Biblia, encontramos la respuesta. Ester es una muchacha judía que llega a ser reina y de pronto se da cuenta de que un hombre malvado ha puesto precio a los judíos y tiene armada una trama irrevocable para destruirlos. Su tío Mardoqueo le ayuda a entender que vive con un propósito. Le indica que solo ella puede pedir clemencia al Rey, aun cuando exponga la vida, y le dice: ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como este! Ester lo entiende, ora y responde me presentaré ante el rey, ¡y si perezco, que perezca!
Si la muchacha de La Guaira hubiera conocido a Ester, y el resultado del acto de valor que hizo, se habría dado cuenta que para quienes confían en Dios, la vida es más que la suma de sus días, sus meses y sus años. Es la oportunidad de buscar, encontrar el propósito de Dios para sus vidas y vivirlo a plenitud”.
Pregúntese: ¿Para qué está usted viviendo?, ¿Qué sentido tiene su vida, si día a día no puede reconocer en la prosperidad como en la adversidad, la mano extraordinaria de un Dios que le hizo para ser feliz, sobre todo, haciendo feliz a otros?
callejas_juan@hotmail.com
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