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Guatemala, 4 de noviembre de 2009

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Conforme están pasando los días, aumenta la preocupación generalizada por la tragedia provocada por la enfermedad sufrida por el Lago de Atitlán, que lo tiene al borde de convertirse en uno más de los cuerpos de agua moribundos en el planeta. Pero al respecto, el factor primordial es la comprensión de que para recuperarlo deben pasar alrededor de 10 años, y que las acciones individuales son las más importantes.

Ahora se ha despertado un interés nacional genuino, pero no por ello se puede asegurar que sea constante, por hacer lo que sea necesario a fin de recuperarlo. Muchos son los factores en juego: desde la belleza natural de la zona, desarrollada durante millones de años, hasta los factores económicos derivados de ser una de las fuentes más importantes de ingresos turísticos, una actividad que tiene la característica de beneficiar a personas de todos los estratos económicos y sociales, sin distinción de edad, género o etnia.

Lo primero que debe ser comprendido es que este fenómeno es el resultado de 50 años de lanzar deshechos de todo tipo al lago, desde aguas servidas hasta residuos de nutrientes de las montañas cercanas. La contaminación, por tanto, no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una serie de factores entre los cuales la irresponsabilidad y la falta de educación humanas ocupan lugares fundamentales.

Hay muchos ejemplos, como la planta de tratamiento de aguas servidas de Panajachel, destruida por la tormenta Stan porque fue construida en un lugar técnicamente inadecuado. Desde entonces, trabas burocráticas, descuido y desinterés locales, ignorancia de las advertencias de los expertos y falta de fondos se han confabulado para que el problema no haya sido resuelto.

La solución, vale la pena insistir, no es a corto plazo, y tiene el inconveniente adicional de que como consecuencia de las medidas que serán tomadas, como el uso de químicos, las aguas en tiempo relativamente corto podrán recuperar su cristalinidad en la superficie, pero será un espejismo, porque el problema principal se encuentra localizado en las profundidades del lago.

Algunas medidas son urgentes, por sus efectos a mediano y largo plazos. Por ejemplo, legislar para que en el menor tiempo posible todas las construcciones —hoteles y casas situadas en la orilla— cuenten con fosas sépticas. Una vez pasado ese plazo, se debería publicar los nombres de quienes no cumplan. Lo mismo debe hacerse con las municipalidades de los alrededores, en especial la comuna de la cabecera de Sololá. Existen planos en los que se puede averiguar las rutas por donde pasan los residuos que van a dar al lago, y con ello se puede conocer a quiénes se debe convencer de dejar de contaminar.

Las principales tareas, sin embargo, son el convencimiento y la educación. En esto, todos los guatemaltecos tenemos un papel que desempeñar. Gracias a este proceso educativo, no solo se puede salvar el lago, sino la naturaleza guatemalteca en general. El caso de Atitlán sobrepasa los intereses políticos y económicos en el corto plazo. Es un asunto de responsabilidad colectiva.

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