Durante un año, el campesino Julián
Sirín, habitante de la aldea "Los Cerritos", del municipio
de Patzícía, soñó con aplicar en su propia
casa los conocimientos que ha adquirido como albañil y construir
así un pozo ciego. Jamás se imaginó que aquella
intención le cambiaría la vida. Cuando finalmente tomó
la decisión de abrir el pozo, no pudo cavar más de tres
metros. Una superficie rocosa y dura lo obligó a detenerse.
"Metíamos la pala a la izquierda y
topaba, nos corríamos para el otro lado y también topaba",
recuerda Sirín. "Había algo y decidimos averiguar
qué era".
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Esta es la pieza maya que la familia
Sirín encontró hace tres meses en su patio. A la
izq. Julián, su papá Alejandro y uno de sus siete
hijos.
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Les tomó dos semanas bordear el objeto y
extraer la tierra que lo cubría. El hallazgo fue un altar maya,
que mide un metro y medio de alto, con dos cabezas de serpiente en los
extremos, que podría tener 1200 años de antigüedad.
Este tipo de descubrimientos ya no son casualidad
en Los Cerritos, una aldea ubicada en el sitio arqueológico de
Cakhay, que según las investigaciones del arqueólogo y
antropólogo William Swezey, fue un centro elite del periódo
clásico tardío. Constantemente, los habitantes se encuentran
vestigios mayas, como cerámica y piedras de moler. Pero el altar
que desde el 21 de febrero está en medio del patio de la familia
Sirín, es la pieza más importante y valiosa que se ha
hallado.
Sin embargo, "la piedra", como ellos
llaman al altar, ha sido un tormento para Sirín y su familia.
No ha faltado quién les diga que está embrujada, que es
un mal augurio o que la rompan, pues adentro debe tener oro. El campesino
también recibió, hace algunas semanas, la visita de un
anticuario extranjero que le ofreció comprarle la pieza en dólares.
"Yo quiero hacer lo correcto, aunque tengo
mucha necesidad", dice Sirín, padre de siete hijos y que
como la mayoría de los guatemaltecos del campo, sufre las consecuencias
de la crisis económica que atraviesa el país. "El
trabajo me ha escaseado, ya nadie tiene pisto para construir",
dice. "Por eso iba a hacer el pozo y mire en lo que paré...".
Ha sido tanta su desesperación, que mandó
a llamar a un sacerdote maya para pedirle consejo. Le contestó
como los oráculos griegos: "la piedra le dirá qué
hacer".
¿Y las autoridades?
Muchas personas, que por casualidad han visitado
la aldea, saben del descubrimiento del altar. Pareciera que los últimos
en enterarse serán siempre los funcionarios del Instituto de
Antropología e Historia, Idaeh, la entidad encargada de velar
por el patrimonio cultural.
Pero desde hace mucho tiempo, el Idaeh se olvidó
de Cakhay, al extremo que, en medio de dos montículos, justo
donde se ubicaba la plaza ceremonial del sitio, un tractor está
"limpiando el terreno" para contruir una escuela secundaria
y la devastación es incalculable. Entre la tierra removida es
fácil encontrar pedazos de cerámica e incluso una escultura
de piedra, deformada por los dientes del tractor.
Desarrollo local
El arqueólogo José Benítez
y el antropólogo Arturo Matas, llegaron a explorar el sitio de
Cakhay para establecer comparaciones con un proyecto de inventario arqueológico
que realizan en San Andrés Itzapa. No habían terminado
de recorrer la aldea, cuando a sus oídos ya había llegado
la noticia de "la piedra".
"Los hallazgos en esta región serán
constantes", asegura Matas. "Lo más importante es que
se inicie, de inmediato, un proyecto de rescate para que el sitio no
se pierda". José Benítez añade que, dada la
pobreza de la comunidad, lo más recomendable sería promover
un museo local que contribuya a la economía de los habitantes.
Este caso será una prueba para la Ley de
Protección del Patrimonio Cultural de la Nación. A pesar
de que esta normativa establece que las piezas arqueológicas
son propiedad del Estado, el altar encontrado se encuentra en propiedad
privada.
"Yo he querido hacerle su casa, pero no tengo
dinero", dice Sirín. Por su parte, el arqueólogo
Benítez opina que sería muy riesgoso en este momento mover
la pieza, pues en los últimos meses, ha recibido sol y lluvia,
que con seguridad, la han debilitado.
Será responsabilidad del Idaeh, iniciar
una investigación y proteger este tesoro maya cuidando de no
menoscabar los derechos individuales de un guatemalteco que ha querido
actuar con apego a la ley.