Arqueología

El tesoro de Los Cerritos
Julián Sirín, un campesino de Patzicía, encontró en el patio de su casa un altar maya. Las autoridades encargadas de velar por este patrimonio ni siquiera conocen del hallazgo.

Texto y fotos: Gabriela Barrios

Durante un año, el campesino Julián Sirín, habitante de la aldea "Los Cerritos", del municipio de Patzícía, soñó con aplicar en su propia casa los conocimientos que ha adquirido como albañil y construir así un pozo ciego. Jamás se imaginó que aquella intención le cambiaría la vida. Cuando finalmente tomó la decisión de abrir el pozo, no pudo cavar más de tres metros. Una superficie rocosa y dura lo obligó a detenerse.

"Metíamos la pala a la izquierda y topaba, nos corríamos para el otro lado y también topaba", recuerda Sirín. "Había algo y decidimos averiguar qué era".

Esta es la pieza maya que la familia Sirín encontró hace tres meses en su patio. A la izq. Julián, su papá Alejandro y uno de sus siete hijos.

Les tomó dos semanas bordear el objeto y extraer la tierra que lo cubría. El hallazgo fue un altar maya, que mide un metro y medio de alto, con dos cabezas de serpiente en los extremos, que podría tener 1200 años de antigüedad.

Este tipo de descubrimientos ya no son casualidad en Los Cerritos, una aldea ubicada en el sitio arqueológico de Cakhay, que según las investigaciones del arqueólogo y antropólogo William Swezey, fue un centro elite del periódo clásico tardío. Constantemente, los habitantes se encuentran vestigios mayas, como cerámica y piedras de moler. Pero el altar que desde el 21 de febrero está en medio del patio de la familia Sirín, es la pieza más importante y valiosa que se ha hallado.

Sin embargo, "la piedra", como ellos llaman al altar, ha sido un tormento para Sirín y su familia. No ha faltado quién les diga que está embrujada, que es un mal augurio o que la rompan, pues adentro debe tener oro. El campesino también recibió, hace algunas semanas, la visita de un anticuario extranjero que le ofreció comprarle la pieza en dólares.

"Yo quiero hacer lo correcto, aunque tengo mucha necesidad", dice Sirín, padre de siete hijos y que como la mayoría de los guatemaltecos del campo, sufre las consecuencias de la crisis económica que atraviesa el país. "El trabajo me ha escaseado, ya nadie tiene pisto para construir", dice. "Por eso iba a hacer el pozo y mire en lo que paré...".

Ha sido tanta su desesperación, que mandó a llamar a un sacerdote maya para pedirle consejo. Le contestó como los oráculos griegos: "la piedra le dirá qué hacer".


¿Y las autoridades?

Muchas personas, que por casualidad han visitado la aldea, saben del descubrimiento del altar. Pareciera que los últimos en enterarse serán siempre los funcionarios del Instituto de Antropología e Historia, Idaeh, la entidad encargada de velar por el patrimonio cultural.

Pero desde hace mucho tiempo, el Idaeh se olvidó de Cakhay, al extremo que, en medio de dos montículos, justo donde se ubicaba la plaza ceremonial del sitio, un tractor está "limpiando el terreno" para contruir una escuela secundaria y la devastación es incalculable. Entre la tierra removida es fácil encontrar pedazos de cerámica e incluso una escultura de piedra, deformada por los dientes del tractor.


Desarrollo local

El arqueólogo José Benítez y el antropólogo Arturo Matas, llegaron a explorar el sitio de Cakhay para establecer comparaciones con un proyecto de inventario arqueológico que realizan en San Andrés Itzapa. No habían terminado de recorrer la aldea, cuando a sus oídos ya había llegado la noticia de "la piedra".

"Los hallazgos en esta región serán constantes", asegura Matas. "Lo más importante es que se inicie, de inmediato, un proyecto de rescate para que el sitio no se pierda". José Benítez añade que, dada la pobreza de la comunidad, lo más recomendable sería promover un museo local que contribuya a la economía de los habitantes.

Este caso será una prueba para la Ley de Protección del Patrimonio Cultural de la Nación. A pesar de que esta normativa establece que las piezas arqueológicas son propiedad del Estado, el altar encontrado se encuentra en propiedad privada.

"Yo he querido hacerle su casa, pero no tengo dinero", dice Sirín. Por su parte, el arqueólogo Benítez opina que sería muy riesgoso en este momento mover la pieza, pues en los últimos meses, ha recibido sol y lluvia, que con seguridad, la han debilitado.

Será responsabilidad del Idaeh, iniciar una investigación y proteger este tesoro maya cuidando de no menoscabar los derechos individuales de un guatemalteco que ha querido actuar con apego a la ley.


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