Revista D

Ana Cristina Rodríguez Pineda: De Guatemala a la capital de la paz

Su exitosa carrera en Derecho Internacional ha llevado a esta abogada guatemalteca a las Naciones Unidas y al  Tribunal Penal Internacional, en La Haya.

Por José Luis Escobar

Es la primera y única abogada guatemalteca que ocupará ese cargo en La Haya. (Foto cortesía Ana Cristina Rodríguez).
Es la primera y única abogada guatemalteca que ocupará ese cargo en La Haya. (Foto cortesía Ana Cristina Rodríguez).

En noviembre del 2015,  Ana Cristina Rodríguez Pineda (Guatemala, 1978), fue nombrada Jefa de Gabinete del Presidente del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia, con sede en La Haya, en Países Bajos.

Habla español, inglés y francés, y está aprendiendo portugués. Es la primera y única abogada guatemalteca que ocupará ese puesto, pues en el 2017 dicha unidad cesará funciones.

¿Cuáles son sus responsabilidades?

Abarcan una combinación de funciones que van desde lo diplomático, jurídico, administrativo, asuntos de comunicaciones y legado del tribunal. El presidente  asiste tres veces al año a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en Nueva York, y rinde cuentas sobre nuestra labor y los progresos alcanzados. Viajo con él, me corresponde preparar esos informes y los discursos que se presentan tanto al Consejo de Seguridad como a la Asamblea General.

¿Cómo se relaciona con el cuerpo diplomático?

Apoyo al presidente en asuntos de relaciones externas, tales como sus interacciones con  los países de la región de la antigua Yugoslavia, y diplomáticos representados en La Haya.

Además de Nueva York, lo acompaño a sus  conferencias internacionales y eventos, así como cada vez que recibe a altos funcionarios y jueces de otras cortes y tribunales internacionales.

En la parte judicial, ¿qué apoyo da?

Los casos que reviso son especialmente en los que el presidente participa como Juez de Apelación o Presidente de Cámara de Apelaciones. Esto es constante y en cada caso surgen varias órdenes y decisiones interlocutorias.  Nos han tocado unos meses duros, especialmente desde que empecé, ya que el tribunal ha dictado cinco sentencias. Mi interacción diaria también incluye relacionarme con los demás jueces y los miembros de las salas.

¿Cuáles han sido esos casos?

Todos son relativos a crímenes de lesa humanidad, genocidio y violaciones del derecho humanitario internacional ocurridos en el territorio de la ex Yugoslavia desde 1991.  Hasta la fecha, el tribunal ha concluido los procesos contra 151 de las 161 personas que ha acusado. Tras las detenciones de Ratko Mladić y Goran Hadzicć en el 2011, no quedan prófugos del tribunal acusados de violaciones graves del derecho internacional humanitario.

¿En qué proyectos trabaja?

Estoy coordinando un comité de planificación relativo a los eventos finales del tribunal, que  se llevará a cabo en diciembre del 2017, los cuales incluirán, entre otros, una conferencia internacional sobre el legado del tribunal y un simposio con ceremonia oficial de cierre.

También trabajo en mi tesis doctoral; estudio en la Facultad de Derecho de la Universidad de Leiden (Países Bajos). Es sobre los exámenes preliminares ante la Corte Penal Internacional, cuando termine me gustaría publicarla como libro.

¿Es su primera vez en La Haya?

Estuve en el 2002, para una pasantía en la Corte Permanente de Arbitraje. Ese año lo describo como un  parteaguas que definió mi pasión por el Derecho Internacional.

Hasta ese momento no había tenido contacto directo con el aspecto práctico de esta rama.

¿En qué contexto llegó esa vez?

Tuve la oportunidad de asistir a audiencias en el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia del juicio de Slobodan Milosevic, el primer jefe de Estado en ser oficialmente acusado y procesado ante un tribunal internacional. Era otro nivel.

Quedé muy impresionada con varios funcionarios jurídicos que me motivaron mucho y me revelaron infinitas opciones profesionales..

Fue muy enriquecedor. Primero, por encontrarme en la capital de la paz y justicia internacional.

Segundo, porque trabajaba en el Palacio de la Paz y, a pesar de que estaba en otro organismo, es decir, la Corte Permanente de Arbitraje, que comparte el inmueble con la Corte Internacional de Justicia, tuve acceso a todos los jueces y seminarios de esta última.

Del 2006 al 2015 fue asesora jurídica en la Misión Permanente de Guatemala ante la ONU. ¿De qué manera apoyó?

Ese tipo de puesto es esencial debido a la vasta temática que se aborda; los asuntos jurídicos son realmente transversales. Representé a Guatemala en la Mesa de la Sexta Comisión como vicepresidenta y fui nominada facilitadora de numerosas resoluciones.

¿Puede nombrar algunos temas?

Como parte de mis responsabilidades, estuve al frente de una de las comisiones principales de la Asamblea General, la  de Asuntos Jurídicos (sexta comisión), dedicada al examen de las cuestiones jurídicas tales como: la responsabilidad penal de los funcionarios y expertos de la ONU en Misión, el Estado Derecho en los planos nacional e internacional, terrorismo internacional, el alcance y principio de la jurisdicción universal, la administración de justicia, medidas para eliminar el terrorismo internacional; así como considerar los informes de la Comisión de Naciones Unidas de Derecho Mercantil Internacional (CNUDMI) y la Comisión de Derecho Internacional (CDI), entre otros temas.

También formó parte del equipo guatemalteco en el Consejo de Seguridad.

Sí, fue una experiencia única. Durante la membresía de Guatemala como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU (2012-213), entre otros temas de la agenda, tuve un rol activo durante la presidencia de Guatemala al frente del Grupo de Trabajo sobre Tribunales Internacionales (Rwanda y la ex Yugoslavia) y también tuve la responsabilidad de organizar en dicha  presidencia (octubre del 2012) un debate abierto sobre paz y justicia con enfoque principal en la Corte Penal Internacional, fue el primero de ese tipo  en el Consejo de Seguridad.

Fue el debut de Guatemala. ¿Qué impresión dejamos?

La de un país muy respetado y comprometido con superar su pasado y observar sus obligaciones internacionales.  El embajador Gert Rosenthal fue fundamental para Guatemala y también para Naciones Unidas. Es uno de los diplomáticos más respetados a nivel internacional, y también el mejor jefe que he tenido; me ayudó a crecer y ser una líder no solo una abogada.

En sus primeros años como profesional también impartió clases a universitarios. 

Se dio la oportunidad porque el profesor titular en la UFM necesitaba una auxiliar. Esto me permitió involucrarme activamente en la elaboración del pénsum, la preparación de la bibliografía e impartir algunas cátedras con el fin de mostrar las tendencias del momento de Derecho Internacional.

En el 2001, por ejemplo, presenciamos los ataques del 11 de septiembre, lo cual transformó el combate al terrorismo, y la entrada en vigor de la Corte Penal Internacional, primera institución permanente de lucha contra la impunidad por los delitos de mayor trascendencia para la comunidad internacional.

En el 2003 ocurrió la  invasión ilegal a Irak. Estos eventos fueron paradigmáticos y fui muy afortunada en ese momento de formar parte de la cátedra de Derecho Internacional, mi materia favorita.

En su trayectoria se aprecia también un interés por la vida marina.

Durante mis años en la Misión Permanente seguí muy de cerca los temas de derecho del mar, que son de particular interés para Guatemala. Surgió en ese entonces la necesidad de iniciar discusiones sobre cómo regular la diversidad biológica marina en áreas fuera de la jurisdicción nacional.

Fue un proceso muy largo que resultó en el lanzamiento de rondas de negociación para un acuerdo de implementación de la Convención de Naciones Unidas para el Derecho del Mar. Guatemala participó activamente en la viabilidad de este acuerdo, porque su premisa fundamental es que se reconozca como patrimonio común de la humanidad, todos los beneficios provenientes de la diversidad biológica marina en áreas fuera de la jurisdicción nacional. 

Algunos países creen que porque cuentan con tecnología avanzada y recursos para explorar y explotar en alta mar y los fondos marinos fuera de la jurisdicción nacional, tienen derecho a sacar partido de todo lo que encuentran y que no tienen que rendir cuentas a nadie. La realidad es que tienen la obligación de proteger estas áreas que pertenecen a toda la humanidad.

¿Qué actividades hace en su tiempo libre?

Me gusta correr y practicar montañismo. Durante mi tiempo en Nueva York participé en varias carreras, incluyendo el maratón de esa ciudad, en el 2014 y 2015.

Cuando era niña mi papá me llevaba a subir volcanes en Guatemala. En el 2011 escalé el Monte Kilimanjaro, en Tanzania, con él y mi hermano. También soy aficionada al cine.

Abogada y notaria

  • Se graduó con honores  en la  Universidad Francisco Marroquín  en el  2000.
  • Ha trabajado en la Asamblea de los Estados Partes de la Corte Penal Internacional, en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y en la  Asamblea General de las Naciones Unidas.
  • Es miembro de la Sociedad Americana de Derecho Internacional, del Colegio de Abogados de Guatemala y admitida por el New York Bar para ejercer en esa ciudad estadounidense.