Revista D

Tesoros en el Centro

Las ventas de libros usados en el Centro Histórico conservan joyas de valor histórico.

Por POR ANA LUCÍA GONZÁLEZ

<p>En la  librería el Búho, Eduardo Gálvez cuenta con ejemplares antiguos además de varias  colecciones de revistas clásicas. (Foto Prensa Libre: Álvaro Interiano)<br></p>
En la librería el Búho, Eduardo Gálvez cuenta con ejemplares antiguos además de varias colecciones de revistas clásicas. (Foto Prensa Libre: Álvaro Interiano)

<p><strong>Para quienes tienen la lectura por vicio, pasión o hábito, pasar indiferentes frente a una venta de libros de segunda mano no es opción. En el Centro Histórico es posible encontrar más de una veintena de librerías de este tipo</strong>, cuyos propietarios se caracterizan por tener acumulados miles de ejemplares, los que muchas veces resulta imposible clasificar.</p><p>Tres libreros del centro histórico, Julio Gálvez, de Don Búho; Eduardo Cot, de Popol Vuh; y Victoriano Rodríguez, de Ciencia y Cultura, comparten algunos de sus antiguos tesoros, hallazgos producto de la paciencia.</p><p><strong>Misceláneo</strong></p><p>El común denominador en estos locales es que en la parte frontal se muestran, por lo general, revistas viejas, libros de texto, motivacionales y algunas piezas literarias, que son las de mayor consumo.<strong> Pero en el área posterior, o en un segundo piso, se conservan los ejemplares antiguos</strong>, escasos y de más valor.</p><p><strong>En la librería Don Búho —10 avenida y 9a. calle, zona 1—, Gálvez conserva ejemplares de principios del siglo XX,</strong> de Camille Flammarion, astrónomo francés, o Tradiciones peruanas, de Ricardo Palma (1920), en pasta de cuero.</p><p>Para otros gustos, don Búho, como también se le conoce a Gálvez, <strong>tiene cientos de discos de acetato, cómics antiguos, revistas Life de los años 1960 o National Geographic de 1930 y 1940</strong>, así como cámaras fotográficas antiguas; por ejemplo, una de doble lente.</p><p>Don Búho tiene 27 años de estar en el negocio. Su pasión por la lectura ha dejado huella, pues al menos cinco de sus empleados tienen su propia librería.</p><p>Uno de ellos es <strong>Eduardo Cot Ajú, de la librería Popol Vuh —9a. calle 13-30, zona 1— </strong>quien hace un par de años fue presidente de la Asociación de Libreros.</p><p>El nombre del local se debe a que Cot es coleccionista de distintas versiones del Popol Vuh.</p><p>La edición de Adrián Recinos (1947) y la de Antonio Villacorta (1962), donde sostiene que el verdadero autor del Popol Vuh es Diego Reynoso. También tiene el Pop Wuj del lingüista Adrián Inés Chávez (1981) y el de Sam Colop (2008), del cual Cot resalta su riqueza lingüística y fonética.</p><p>En este local también es posible encontrar una sección con valiosas enciclopedias de Historia del Arte y algunos ejemplares de artistas plásticos de renombre.</p><p>Después de 18 años en el negocio, <strong>Cot cuenta que ha formado a otros cinco libreros,</strong> y de ser un ávido lector dio el salto a la redacción de cuentos, poesía y artículos periodísticos.</p><p><strong>Tomos únicos</strong></p><p><strong>Victoriano Rodríguez, de la librería Ciencia y Cultura —10 avenida y 15 calle, zona 1—</strong>, es el actual presidente de la Asociación de Libreros. Con 29 años en el medio, reconoce que la lectura se le ha vuelto un vicio, al punto de que los libros casi no le caben en su casa.</p><p>Con celo muestra un tomo eclesiástico de 1649, en español antiguo. Cuenta que en la pasada Filgua <strong>logró vender un ejemplar de la 1a. edición de <em>El señor presidente</em>, de Miguel Ángel Asturias,</strong> y otro de Juan José Arévalo, <em>El tiburón y las sardinas</em>, autografiado por este.</p><p>Estos tres libreros coinciden en que la forma de abastecer sus locales de novedosos ejemplares son los mercados, los cuales recorren para encontrar tesoros.</p><p>Cot recuerda que en la colonia La Florida encontró, con paciencia, la edición del<em> Popol Vuh</em> de Adrián Recinos, Rodríguez acostumbra visitar algunos mercados los domingos y Gálvez tuvo la suerte de adquirir la biblioteca particular de José Matos Pacheco.</p><p>Todos ellos han vivido anécdotas especiales en su negocio. <strong>Gálvez encontró la cédula del líder Adolfo Mijangos López entre unos papeles</strong>, y Rodríguez rememora tres casos en que personas han llorado al hallar el libro Negrura, de Virgilio Rodríguez Macal.</p><p><br></p>