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03/03/13 - 00:00 Revista D

El poeta y su angustia

Flavio Herrera es una de las plumas más representativas de la literatura guatemalteca del siglo XX. Pertenece a la generación de 1920, en la cual destacó como poeta, novelista y cuentista. Se dice que su vida y personalidad se ven reflejadas en su obra.

Nació en la Ciudad de Guatemala el 18 de febrero de 1895. Hijo del coronel Agustín Herrera Pineda y Victoria Hernández. Desde muy joven, a los 18 años, dio muestras de su interés por la literatura, al publicar en las revistas Juan Chapín y La Esfera. Estudió Derecho porque en esa época no existía la carrera de Letras.

Ejerció la profesión de abogado y también se dedicó a la docencia, periodismo y diplomacia, “pero, sobre todo, fue un benefactor”, destaca Rosa María Lima, directora de la Casa de la Cultura Flavio Herrera. Además, fue el primer director de la Escuela Centroamericana de Periodismo.

Obra catártica

Mario Alberto Carrera, en su libro Biografía de siete grandes escritores guatemaltecos, afirma que Herrera cultivó dos géneros: la poesía, donde trabajó Hai-Kai, y la novela. En esta destacan El tigre (1934), su primera creación; La tempestad (1935) y, la última, Caos (1949). “La crítica, en general, ha estado de acuerdo en que Caos constituye la mejor obra narrativa de Herrera”, dice Carrera, también escritor.

“La segunda parte, como lo clasificara el también crítico Seymor Menton, es casi un psicoanálisis. Pero narrado con una grandeza artística que lo convierte más que en psicoanalista frío en una toma de conciencia surrealista. Con esto Herrera lleva a cabo una catarsis”, sostiene Carrera.

El doctor y ensayista Francisco Albizúrez Palma sostiene que Caos es, en palabras del crítico puertorriqueño Ramón Luis Acevedo (1982: 441): “Una novela psicológica donde el autor se concentra en el análisis de un personaje desquiciado y angustiado. Como tal, rebasa por completo el criollismo y entra de lleno en la novelística actual, sobre todo por la técnica experimental que el autor emplea para captar la interioridad atormentada del personaje”.

Según el escritor Dante Liano, Flavio Herrera refleja en su obra sus conflictos internos. No es la novela social a la que nos tiene acostumbrados la Literatura Hispanoamericana, escrita por solidaridad con el explotado, sino delante de una auténtica “novela de patrón”, donde se plasma el modo de pensar y ser de la aristocracia cafetalera.

En El Tigre, considerada por otros críticos como el mayor logro del novelista, se observa un criollismo atípico junto a otro rasgo, la introspección psicológica. “Como buen guatemalteco, se interesa bastante por este tema”, añade.

Vida

De acuerdo con Carrera, Flavio Herrera fue una persona atormentada, a pesar de haberse criado con holgura económica. “Fuertes crisis de depresión lo acosaron desde su infancia y nunca pudo superar ese sentimiento”, resalta. Esta situación la achaca, en parte, a sentimientos de culpa y de castigo irracional provocados, según algunos, por la educación de la época.

La fortuna tampoco lo acompañó en su vida adulta. Se casó dos veces y dos veces se divorció. El hijo de su segundo matrimonio murió. Transcurrió entonces el resto de su vida con su madre, Victoria Hernández, de quien se dice que mantuvo una gran dependencia. El libro La tempestad lleva esta dedicatoria: “Para mi madre. Razón de mi vida. Antena por la que siento a Dios”.

Flavio Herrera murió el 31 de enero de 1968, a los 73 años.

Legado

El escritor Flavio Herrera no dejó descendencia, por lo que donó todo su legado patrimonial a la Universidad de San Carlos (Usac).

Lima prefiere dar a conocer el papel de benefactor del escritor, algo poco usual. Dejó su casa, más de 15 libros y enseres a la Usac. También la finca Bulbuxyá, en Suchitepéquez, la cual es administrada por la Facultad de Agronomía de esa casa de estudios superiores. En forma periódica, la Casa Flavio Herrera produce nuevas ediciones de sus obras, a través de la Editorial Universitaria.

Lima procura mantener vivo el espíritu del gran escritor a través de distintas actividades que se organizan en este espacio cultural.

Un centro cultural vivo
Desde 1973 funciona en lo que fue  la residencia del escritor la Casa de la Cultura Flavio Herrera —calle Mariscal 7-46, zona 11—.

Rosa María Lima dirige este espacio, que  funciona como museo, biblioteca, sala  de trabajo y auditorio, de lunes a viernes, de 8 a 16 horas. Está  abierto al público universitario y en general.

La Casa es administrada por la Dirección General de Extensión Universitaria de la Universidad de San Carlos,  que promueve el uso de las instalaciones, con reservación.   

Entre quienes lo utilizan está el grupo de baile Alas de Mariposa, integrado por señoras.


Atitlán
Parece mentira,
pero el
misántropo
volcán entre las
aguas se estira
con una pose de
Don Juan.

 

La tarde
En un síncope
amarillo la
tarde ensaya
sus goznes
oxidados de
grillos.

POR ANA LUCíA GONZáLEZ / D LETRAS Y MÁS

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