Revista D

Salud para todos

Diseñó un modelo de atención primario en salud que es replicado en otros países.

Por Ana Lucía González

Juan Carlos Verdugo fue el investigador principal del Modelo de Salud Incluyente (MIS) (Foto Álvaro Interiano)
Juan Carlos Verdugo fue el investigador principal del Modelo de Salud Incluyente (MIS) (Foto Álvaro Interiano)

Las sobremesas en la familia del médico Juan Carlos Verdugo (1964) en las que se abordaban temas de la realidad nacional, contribuyeron a que tuviera una postura crítica y reflexiva del país, y decidiera estudiar Medicina desde una perspectiva social y pública.

Más tarde, su práctica en el Hospital General San Juan de Dios lo acercó a conocer la vida de las familias más pobres y a comprender que las enfermedades deben atenderse de manera multidimensional.

Hace 19 años, junto con un equipo de profesionales conformaron la coalición Instancia Nacional de Salud y con apoyo de la internacional Medicus Mundi se concibió el Modelo Incluyente de Salud (MIS), el cual hoy se aplica en 141 puestos, en nueve distritos del país, con una cobertura que supera las 350 mil personas. Este se ha replicado en Perú y Bolivia.

Por lo novedoso del proyecto, Medicus Mundi, de la cual Verdugo es representante en el país, será galardonada en mayo con el premio Sasakawa, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), acto que se llevará acabo en Ginebra, Suiza.

Verdugo resalta el trabajo silencioso y heroico de cientos de colaboradores del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS) que trabajan para que este sistema funcione. Solo falta que el Gobierno se decida a replicarlo en todo el país.

¿Cuál fue su motivación para estudiar Medicina?

Ayudar. Tenía claro que me interesaba la salud desde el enfoque social, no tanto el clínico. Crecí en una familia donde mi madre, Rosa María Urrejola, nos dio siempre ejemplo de profunda sensibilidad humana. Siempre hubo debate en la mesa. Mi padre, Ángel Verdugo, era español, y le tocó vivir la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Vino a Guatemala a los 35 años.

De él escuché vivencias fuertes, a lo cual se sumó mi experiencia en el hospital, el contexto histórico y político del conflicto armado interno y mi formación en la Universidad de San Carlos (Usac).

¿Qué tipo de vivencias en su práctica hospitalaria le impactaron?

En el San Juan de Dios recuerdo el caso de un adolescente con el síndrome de Guillain-Barre, que le paralizó el cuerpo.

Su padre dormía sobre un costal en el corredor. Un día le hablé y me dijo: ¿Sabe por qué estoy aquí? Mi hijo me ayudaba a trabajar la tierra, si hubiera sido más pequeño, lo habría dejado morir.

Se trataba de un asunto de sobrevivencia, en medio de la pobreza.

El contacto con los pacientes fue valioso.

Me gustaba hablarles, de hecho cuando cursaba el cuarto año de Medicina, al finalizar el día conversaba con ellos. De 10 personas a las que les preguntaba ¿cómo estaban?, todas me respondían: regular.

Me contaban sus historias y problemas. Llegó el momento en que me di cuenta de que la enfermedad era un problema relativo, pues detrás hay muchas otras cosas.

  • “La enfermedad, además de biológica, es psicológica y espiritual. Luego con los indígenas supe que también es energética”.

Aprendí que un mal, además de biológico, es psicológico y espiritual. Luego con los indígenas supe que también es energético, es decir, holístico.

¿Qué proyección tuvo después?

Después de graduarme en la Usac, trabajé con promotores de salud rural; estudié la maestría y el doctorado en Medicina Social en México durante cinco años. De regreso a Guatemala obtuve un puesto en la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y en la actualidad estoy en Medicus Mundi.

En 1998 creamos la coalición Instancia Nacional de Salud y en ese marco formulamos el modelo MIS. En ese entonces se llamó: Hacia un primer nivel de atención en salud incluyente.

¿En qué consiste el MIS?

Fue una propuesta integral enfocada en responder a las necesidades y demandas de salud de toda la población, que tomara en cuenta a los pueblos mayas, a todas las mujeres y la problemática ambiental, porque con todo esto no se cumplía con el derecho a la salud que manda la Constitución.

Esta propuesta se hizo para el primer nivel de atención: los puestos de salud. Junto con un equipo multidisciplinario se diseñó un proyecto de investigación (2000-2001). En el 2003 comenzamos dos pilotajes para determinar si funcionaba, uno en la aldea Guineales, Sololá, y el otro en el municipio de San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango.

¿Cuál era el antecedente de esta atención primaria?

En 1997 se creó el Programa de Extensión de Cobertura (PEC). Se basó en la contratación de oenegés para prestar el servicio en el primer nivel de salud, los cuales solo incluían la atención materno-infantil. Tuvo amplia cobertura hasta el 2015.

Antes de su proyecto los puestos de Salud excluían la atención a otros grupos: ancianos, hombres, etc.

Sí, estaban olvidados.

¿Cuáles han sido los padecimientos más frecuentes?

Cuando se analiza la situación de salud del país se reconoce desde el punto de vista epidemiológico que la gente más pobre padece de todas las enfermedades.

Antes existía la idea de que la sociedad rural padecía solo infecciosas y carenciales —gastrointestinales, desnutrición— y la urbana enfermaba de las crónicas degenerativas —cáncer, diabetes e hipertensión—, pero desde 1990 se sabe que esto no es así.

¿Qué función deberían de cumplir todos los puestos de Salud dentro del sistema nacional?

Son el primer nivel de salud, por lo que su función principal es la promoción de campañas para resolver la problemática de más del 80 por ciento de la población.

Deberían de evitar, por ejemplo, que una infección respiratoria se convierta en una neumonía, para así ahorrar recursos a todo el sistema y no saturar los hospitales.

La problemática en los servicios de salud empeora.

Guatemala tiene el presupuesto de salud, con relación al Producto Interno Bruto (PIB), más bajo en toda la región: uno por ciento.

El MSPAS es muy débil con puestos de salud precarios, y por otro lado, un programa de extensión básico.

A esa oferta se suma una situación compleja con falta de drenajes, basura, sistema de agua precarios, malos accesos, pobre calidad educativa y otros. Todo se relaciona.

¿Cuáles son los resultados del modelo implementado?

Con los proyectos piloto, después de cinco años de trabajo, demostramos que la mortalidad materna y la infantil tendían a reducirse y la cobertura de servicio era más amplia.

¿En qué consistió el éxito?

La forma como se organizó el MIS, el cual tiene cuatro perspectivas: derecho a la salud, pertinencia cultural, género y armonía con el ambiente. Se aplica en tres programas: individual, familiar y comunitario. Los dos últimos generan acciones preventivas y de promoción de la salud.

Los tres se integran a través de una metodología denominada horinzontalización que une en protocolos y guías las prioridades nacionales. Por ejemplo, un objetivo como la vacunación se complementa en los tres programas.

Además, tenemos vigilancia epidemiológica sociocultural, que toma en cuenta la cultura local. Incorpora no solo enfermedades clásicas sino también las de los pueblos. Entonces, las personas se sienten entendidas, en vez de maltratadas, lo que marca una gran diferencia.

¿Por qué no se implementa en todo el país?

Después de varios años logramos que ambos pilotajes fueran absorbidos por el MSPAS y se extendiera a un total de nueve distritos. En esos lugares se ha montado una red de primer nivel con este modelo, donde Medicus Mundi y su contraparte local, el Instituto de Salud Incluyente, ya solo dan asistencia técnica.

Estamos a la espera de que la cartera de salud pueda absorber esta experiencia aprovechando todo los instrumentos metodológico para aplicarlo en el país.

¿Qué satisfacción le genera este premio?

Es un orgullo y un honor que esta experiencia que nació aquí se traslade a otros países. Tenemos la propuesta para ir a África y estamos en pláticas con Ecuador.

Llevo más de 16 años en esto. Dirigí la investigación con un equipo fuerte y competente. Quiero resaltar que es un producto colectivo nacional a través de cuatro gobiernos. Personal del MSPAS que trabaja sin insumos o medicamentos, pero con mística, hacen algo innovador.

Perfil 

  • Estudios de doctorado en Ciencias, en el área de Epidemiología Médico Social, en la Universidad Autónoma Metropolitana de México.
  • Maestría en Medicina Social en la misma Universidad (1992).
  • Médico y cirujano por la Universidad de San Carlos de Guatemala.
  • Premio Flores a la mejor tesis de grado y medalla al mérito en la Maestría de Medicina Social en México.
  • Fundador y miembro de la Instancia Nacional de Salud —INS— e investigador principal del equipo técnico-operativo de la INS.
  • Docente en las maestrías en salud pública y de políticas públicas de la Universidad Rafael Landívar y maestría en salud pública de la Usac.
  • En el 2014, Medicus Mundi recibió el premio Carlos Slim en la categoría Institución Excepcional por el trabajo innovador sobre modelos integrales e incluyentes de salud, MIS.