EDITORIAL

El silencioso heroísmo de la competitividad

Cada cierto tiempo se comprueba repetidamente la validez de aquel axioma acerca de que el Estado no produce riqueza. Y no solo eso, en muchas ocasiones dificulta la producción debido a trabas burocráticas, legislación caduca o inexistente, falta de devolución de legítimo crédito fiscal, corrupción impune y descuido —por no decir abandono— de la infraestructura nacional de transporte, o el acicateo de crisis políticas y sociales que terminan por generar inestabilidad, falta de certeza jurídica y contratiempos logísticos.

Los gobiernos siguen cobrando impuestos, aunque no cumplan con mantener las carreteras en buen estado o con brindar la necesaria seguridad ciudadana que atraiga nuevas inversiones. En discursos oficiales, sucesivos mandatarios elogian la labor de los exportadores, pero en los hechos exhiben su indiferencia a las condiciones dramáticas que afrontan quienes sí producen la riqueza: los trabajadores y empresarios de todo tamaño.

Las exportaciones constituyen un pilar de la economía guatemalteca, pero, pese a ello, se encuentran expuestas a diversos factores adversos. No obstante, los sectores productivos del país mantienen el norte de la excelencia y el objetivo en la conquista de nuevos mercados, así como la constante mejora e innovación en la oferta de productos y servicios. En 2022, las exportaciones guatemaltecas aumentaron un 15% respecto del 2021. El país recibió US$15 mil 684 millones, con lo cual superó por US$2 mil millones el monto del año anterior, según datos del Banco de Guatemala: una evidencia más del compromiso de los empresarios de todos los rubros por abrir nuevos mercados y crear más empleos.

Las exportaciones que más ingresos reportan son los textiles y vestuario, con US$1 mil 446.1 millones (12%); café, con US$1 mil 053.7 millones (8.7%); grasas y aceites comestibles, US$903.4 millones (7.5%); banano, US$699 millones (5.8%) y azúcar, que dejó US$623.5 millones (5.2%). Los principales destinos son los países centroamericanos, con 33%, seguidos por Estados Unidos de América, con (32%), con lo cual este país es el principal comprador, así como naciones de Europa (9.9%). México compró un 4.2% de la producción.

Los principales rubros enumerados anteriormente no restan un ápice de importancia a nuevos productos y servicios, como los centros de llamadas, la provisión de inteligencia logística y recursos informáticos. También hay exportaciones agrícolas especializadas como frutas, verduras, legumbres y flores; el sector de alimentos y bebidas también ha ganado fuerza gracias a la innovación y la eficiencia. Por ello es muy importante reconocer la dedicación de los productores guatemaltecos a través del premio Exportador del Año, que lleva ya 35 ediciones.

Los nominados para este año se encuentran en segmentos muy distintos, pero comparten el afán de mejora continua y alcance de nuevos mercados. Había dos agrocompañías, una de flores y otra de cardamomo; una metalúrgica y tres prestadoras de servicios logísticos y tecnológicos. Solo una recibirá el gran trofeo, pero todas son concreción de grandes valores. Todas crean plazas de trabajo en distintos niveles. Todas aportan al fisco y también crean oportunidades de trabajo, pero, sobre todo, son los rostros de ese heroísmo silencioso que se enfrenta a incumplimientos estatales, bloqueos viales, vacíos legales y alta competitividad internacional, con el superpoder de la mejora cotidiana.

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