EDITORIAL

Gran lección de vida

Más allá de los problemas de fondo del país y de las crisis detonadas por el acoso legaloide contra la democracia, los guatemaltecos de trabajo, de bien, de integridad y valores siguen adelante. En estos días finales del año se viven con algarabía ceremonias de graduación del ciclo diversificado en localidades rurales y urbanas, de planteles públicos y privados: un logro que no todos los estudiantes llegan a celebrar, debido a barreras económicas, geográficas, sociales, laborales.

Según datos del censo de población de 2019, de la matrícula escolar, alrededor de un 43% de la población ha completado la primaria, pero solo el 13% por ciento ha completado el ciclo básico y otro 13%, el diversificado. El resto no tiene escolaridad o cursó primaria incompleta, lo cual pinta de cuerpo entero las carencias de cobertura y calidad del sistema educativo nacional. Pero la voluntad de superación nunca falta y existen entidades públicas y privadas, laicas o religiosas, que brindan oportunidades para completar estudios en la edad adulta.

Uno de estos esfuerzos surgió en 1995 y acaba de graduar a su promoción número 11 de bachilleres en Ciencias y Letras. A lo largo de 28 años ha impartido cursos de primaria completa a cientos de guatemaltecos sin costo alguno. Se trata de la Escuela de Voceadores de Prensa Libre, fundada por iniciativa de nuestra presidenta, María Mercedes Girón de Blank. Este servicio de responsabilidad social surgió como escuela de alfabetización para quienes ofrecen nuestra edición impresa en las calles, pero se ha extendido a todos los colaboradores que no pudieron completar la escolaridad durante la niñez y adolescencia.

La graduación de este año fue especialmente emotiva y ejemplar, debido a que entre los graduados se encontraba Miguel Ángel Pérez, de 74 años. Prácticamente nació dos años antes que Prensa Libre, pero por falta de cobertura y recursos no pudo estudiar la primaria en su infancia. Se defendió así por décadas, trabajando con ahínco, pero siempre mantuvo el sueño de aprender a leer y escribir, a lo cual siguieron los estudios del ciclo básico y Bachillerato por Madurez.

A pesar de cuestionamientos y expresiones sardónicas referentes a su edad, empezó a estudiar hace seis años. No solo consiguió su título de diversificado, sino que fue el mejor de su promoción: todo un ejemplo de que para aprender no hay edad y de que, cuando existe voluntad, nada se interpone entre una persona y su objetivo. A lo largo de 11 promociones existen ya graduados universitarios cuyos grandes sueños comenzaron en las aulas de “La Escuelita”, como se les llama con cariño a las instalaciones educativas.

Cada año llegan más alumnos y avanzan las siguientes promociones. Después de la jornada laboral, estos salones se llenan de voces de maestros abnegados, preguntas, aclaraciones, entregas de calificaciones; en fin: la vitalidad del proceso de enseñanza-aprendizaje en constante evolución de acuerdo con las posibilidades tecnológicas. Nuestro más sincero reconocimiento a estos guatemaltecos, colaboradores, pero sobre todo amigos, en quienes se acrisolan los ideales de los fundadores de Prensa Libre: servir a Guatemala y a los guatemaltecos con independencia, honradez y dignidad.

ESCRITO POR:

ARCHIVADO EN: