EDITORIAL

Paz y buena voluntad

La Navidad en Guatemala no es blanca, por más que insistan los villancicos: es multicolor, multisabor, multiaroma. Tiene verde de pino y de hoja de tamal, rojo de flores de pascua y de papel de ametralladoras que desaparecen a medianoche; amarillo de ponche servido bien caliente en hospitalaria taza, con piña, manzana, jocote, coco y demás ingredientes; naranja esfumado con violeta y azul en el cielo de un paisaje de nacimiento tradicional. Los ejemplos se quedan cortos ante la gama de escenas, de momentos y emociones que se viven en la conmemoración del nacimiento de Cristo.

Existen polémicas teológicas, religiosas e históricas acerca de la elección del 25 de diciembre, pero no es la fecha lo más importante, sino la persona cuyo nacimiento dividió en dos la historia, cuya palabra, vida, testimonio, sacrificio y resurrección le ha dado sentido de valor y servicio a millardos de vidas desde hace dos milenios. Por eso la Navidad siempre debe unir e inspirar los más altos sentimientos y las nobles acciones que se pueden prolongar toda la vida. Por algo Navidad lleva esa palabra dentro.

Alguien puede argumentar que persiste la maldad, continúa el hambre, existe la división por fanatismos ideológicos e incluso religiosos, pero por eso es fundamental identificar que el don de la paz es para toda persona que la desee, la anhele y la promueva. “Paz a los hombres de buena voluntad”, cantaron los ángeles aquella noche: una expresión que de tanto repetirse a menudo pasa por frase hecha, pero que constituye una sentencia, una oportunidad y una invitación al cambio personal. Así de simple.

No se trata de pensar lo mismo ni de uniformar ideas, se trata de la disposición para la escucha y para ponerse en el lugar del otro —empatía—. Guatemala, la de la Navidad multicultural, bulliciosa y alegre, se ha visto este año sacudida por polémicas y polarizaciones, por lo regular acicateadas por corifeos de la intolerancia, con aviesos fines, pero es tiempo de recobrar el ánimo y descubrir la luz de la unidad: más aún, ser luz para la familia y la comunidad, con el testimonio concreto de valores cristianos en acción. Y si alguien no cree, existe una moral natural muy simple: tratar a otros como uno quisiera ser tratado.

Presentamos hoy en portada, como es tradición, el tradicional nacimiento ganador del concurso convocado a inicios de diciembre, designado por votación de los lectores. La escena de Belén elegida por mayoría fue la de la familia Vela Pastor —emblemático apellido—, residente en Antigua Guatemala. Flor, Gustavo y sus hijos elaboran su pesebre desde hace dos décadas y lo hacen como símbolo de fe, pero también con la intención de que esta tradición continúe. Curiosamente fue en la ciudad colonial donde hace más de 350 años el Santo Hermano Pedro de San José de Betancur impulsó la piadosa costumbre de evocar la Natividad.

¡Paz a todas las familias guatemaltecas de buena voluntad! Padres, hijos, nietos, abuelos, estudiantes, campesinos, profesionales, obreros, migrantes, servidores públicos, comerciantes… Todos estamos llamados a construir la paz y un mejor desarrollo nacional con responsabilidad y coherencia entre fe y vida. También en la primera Navidad hubo un Herodes y han existido tantos. Pero ninguno ha podido apagar la luz de la fe, la esperanza y el amor.

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