La Constitución Política prohíbe las renuncias a las candidaturas, por lo que el Tribunal Supremo de Elecciones está obligado a celebrar la segunda vuelta, en la que incluso Araya podría convertirse en presidente, sí así lo decide la votación.
El gran reto de Solís es combatir el abstencionismo y obtener más votos en las tres provincias costeras del país: Limón —Caribe—, Guanacaste y Puntarenas —Pacífico—, en las que obtuvo muy poco apoyo en la primera ronda del 2 de febrero último.
Un punto atípico del proceso electoral es que si finalmente Solís se convierte en presidente, deberá hacer un gran esfuerzo para lograr alianzas para el avance de sus proyectos en el Congreso, pues su partido solo obtuvo 13 de los 57 escaños.