Además, en el informe enmarcado en el Programa para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas de la Obra Social La Caixa, demuestra que el malestar se reduce un 5 por ciento. Pueden parecer cifras muy pequeñas pero para enfermos que viven con un dolor perpetuo suponen un abismo de optimismo. Enfermos, familiares y personal están nerviosos y atentos al desarrollo de la Eurocopa y, principalmente, al papel de España en este campeonato. Hay más sonrisas y menos caras largas, más colorido y menos gris.
Y es que, la emoción en estas citas crece casi un 13 por ciento en los enfermos. Una emoción que Esther califica de “positiva” para olvidarse de la dolencia. “Ellos acaban las fuentes de gratificación que tenían y esto les ayuda a conectar con su parte sana”, explica la psicóloga. Pero, e insiste mucho en eso, este estudio científico evidencia que ni el “optimismo” es un sustitutivo de los fármacos si no sólo un complemento y que el estado de ánimo influye para suavizar la sintomatología de la enfermedad en estado avanzado pero que no aumenta las esperanzas de curación de los pacientes.
Consciente de que los más de 500 pacientes que pasan anualmente por el Hospital de La Laguna, no tienen esperanza de curación, Esther aduce que la misión con estas y otras actividades de carácter lúdico es hacer más agradable el final de la vida del enfermo. “Algunos antes no querían ni comer”, ejemplificaba sobre la importancia de la mentalidad en este tipo de situaciones.
Ya que la prevalencia de sintomatología depresiva en pacientes de cáncer puede llegar al 57 por ciento. Además del fútbol, los habitantes de este centro practican musicoterapia o risoterapia para mantener esa sintonía.
Orensa, fan incondicional del Real Madrid, se llega a olvidar un poquito de sus dolores cuando juega España mientras que otros llegan a decir que “se encuentran muy bien” o hasta “fenomenal”.
Pero las ventajas y milagros del fútbol también ayudan al personal del centro y a los familiares de los enfermos quienes agradecen “romper la monotonía ahora que la selección siempre gana”. Y aunque perdiera porque estas esperanzadoras cifras, según explica Esther, son producto de la emoción de ver al equipo propio no de la victoria. Sin duda, el fútbol ha dado otra lección de deportividad en estos enfermos y como decía uno de ellos: “con esto y un bizcocho…”.