Añadió que en los últimos cuatro años ha visto una baja considerable en la venta de diablos, debido a las campañas de cocienciación que buscan evitar la contaminación del medioambiente.
“Consideramos que quemar una piñata no genera mayor contaminación, ya que se consume en menos de cinco minutos y está elaborada a base de papel. Las llantas sí contaminan mucho más por las partículas que desprenden y tardan horas encendidas”, indicó.
El artesano Marvin Sáenz expuso que para mantener viva la tradición del 7 de diciembre elaboró cien diablos.
“La venta para este día era mayor, ya que lográbamos vender entre 200 y 300 piñatas, por lo que consideramos que esta actividad se dejará de realizar. Esperamos que con la elaboración de nuevas figuras las ventas aumenten”, expuso.
Tradición
Everardo Hernández, vecino de Chimaltenango, señaló que buscará la forma de inculcar en sus hijos la tradición de la quema del diablo, pero con productos que no dañen el ambiente.
La comerciante Mercedes Marroquín explicó que esta vez no adquirió mucho producto debido a que el año pasado solo le generó pérdidas porque no eligió figuras de la época, por lo que para este año le puso atención a las exigencias de los niños, porque son quienes se emocionan con este producto.
“Varias personas han llegado a comprar sus piñatas para las actividades de fin de año, y las figuras más cotizadas son Santa Claus y Frosty. Esto me obligó a encargar más producto al fabricante”, expresó.