“El producto puede ser acomodado en una maleta o en un espacio reducido sin que sea un estorbo o que se arruine para su traslado”, afirmó Julián Quiná, director de Adehiuma.
Guatepiñatas
El uso de este mecanismo es aplicado en otros países, especialmente en México y China, por lo que para darle originalidad, los artesanos de Adehiuma, al principio utilizaron personajes del imaginario y cultura nacional, y las bautizaron como guatepiñatas.
“A principios del año pasado convocamos a unas 40 mujeres y 15 jóvenes, para que promovieran un proyecto de desarrollo comunitario, y estos decidieron elaborar piñatas plegables, las cuales se pueden doblar antes de su uso, sin ser destruidas”, explicó Quiná.
Agregó que es un proyecto novedoso, que ha llamado la atención de turistas nacionales y extranjeros.
La aceptación que han tenido fuera del país ha originado que la producción de piñatas plegables tenga como objetivo principal la exportación.
Según Jairo Gerson Pichillá, artesano, se exportan a Panamá, Francia, Cuba, Estados Unidos e incluso México.
Poca demanda nacional
La artesana Paula Cúmez expuso que aunque es un producto novedoso, hay poco mercado en Guatemala.
“Hemos promovido nuestras piñatas en exposiciones de la capital, pero lamentablemente no hemos logrado tener la aceptabilidad que queremos”.
Alicia Tantón, vecina, indicó que este es un producto innovador que hay que apoyar para que sobreviva en el mercado nacional, ya que es elaborado por personas de escasos recursos.
“He observado el ingenio de estos artesanos, ya que esta clase de piñatas, en Guatemala, es elaborada únicamente en este poblado, y puede ser llevado a cualquier lugar sin que ocupe un gran espacio”, dijo Tantón.
Diseños a la orden
Victoria Calí, de Adehiuma, refirió que elaboran diversos diseños, muchos de estos de dibujos animados, aunque también de personajes del medio nacional. “En los últimos meses nos han pedido de políticos. Los que más se han vendido son de Otto Pérez Molina, Eduardo Suger, Harold Caballeros y Sandra Torres”, afirmó.
“Nuestros diseños cambian dependiendo de la época, y no hay edad para que las personas lo consuman, aunque son los niños los que más se sorprenden de ver como plegamos estas artesanías, muchos de ellos se imaginan que la destruimos, pero luego las volvemos a armar y se sorprenden mucho más”, contó Calí.