De ellos, nueve han sido identificados como parte del grupo musical, incluido el único extranjero de la banda, el tecladista colombiano Heiner Cuéllar.
Jorge Domene, portavoz en asuntos de seguridad del gobierno de Nuevo León, dijo ayer que aún las autoridades no se atreven aún a formular una teoría sobre lo ocurrido. “Se sigue recopilando información que nos pueda llevar a la real causa”, explicó.
Los cadáveres muestran señales de tortura y de haber sido ajusticiados al modo usado por el crimen organizado. Un integrante del grupo que logró escapar dio la alerta a las autoridades.
Sospechan de ZETAS
Según una fuente cercana a las investigaciones, una de las líneas que sigue la Fiscalía es que el grupo podría estar vinculado con el cartel de los Zetas, uno de los más poderosos y sanguinarios que actúan en México.
Ese cartel, formado por exmilitares a mediados de la década de 1990, controla, según la fuente, algunos de los sitios donde tocaba Kombo Kolombia y los responsables de la masacre serían miembros del cartel de Sinaloa, rival de los Zetas.
El diario Reporte Indigo, que cita a fuentes de la Procuraduría, dijo que la muerte de los músicos “formaría parte de la guerra que libran en Nuevo León los Zetas y sus rivales”.
Varios familiares de los músicos pidieron que no se adelanten conclusiones y rechazaron que se criminalice a las víctimas. “Mi hijo es un muchacho sano, percusionista. No tiene nada que ver con nada ilícito”, dijo María Sáenz, madre de uno de los músicos asesinados.
El Kombo Kolombia interpretaba música vallenata —del folclor colombiano— con letras predominantemente románticas alejadas de los temas clásicos de los llamados “narcocorridos”, música del norte de México que narra sucesos del narcotráfico.
Antecedente
En México, unos 50 intérpretes de narcocorridos han sido asesinados desde el 2006, cuando Valentín Elizalde, un popular cantante de rancheras fue muerto a balazos a la salida de una presentación en Reynosa —noroeste—, según Edmundo Pérez, autor del libro Que me entierren con narcocorridos.
En diciembre del 2009, el cantante Ramón Ayala y su grupo Los Bravos del Norte fueron detenidos cuando se presentaban ante un capo del narcotráfico, que logró escapar del lugar. Luego fueron liberados sin que se les formularan cargos.
Muchos de ellos comenzaron recibiendo US$5 mil o US$10 mil por componer una canción en honor a un narcotraficante. “Cuando se vuelven famosos, los empiezan a invitar a fiestas y el artista sabe que no pueden decir que no”, señala Pérez.
Desde el 2006 han muerto más de 50 mil personas por la guerra contra el narcotráfico, según cifras oficiales.