Primera Navidad del papa Francisco
EL PAPA FRANCISco acaba de publicar una carta pastoral en cuyo texto señala su criterio, y por ello el de la jerarquía eclesiástica, acerca del fenómeno político-económico social conocido popularmente como neoliberalismo, aunque este término no concuerda de manera exacta con los criterios de quienes lo profesan. Algunos han querido ver este texto como una especie de versión nueva de la denominada Teología de la Liberación, cuyo aparecimiento coincidió con un momento histórico distinto, en el cual la Iglesia Católica no se pudo liberar de la influencia del marxismo como movimiento filosófico-económico-ideológico. La cauda fue de muerte y de dolor, así como de un martirologio tanto de religiosos como de laicos.
LA DERROTA DE ESA teoría tuvo como consecuencia el afianzamiento de su contraria, basada en el individualismo santificado y en el derrumbamiento de la colectividad como sujeto de derechos. Dentro de ese nuevo mundo, el papa Francisco observa con preocupación el prestigio sin final otorgado a las fuerzas económicas, sobre todo las del mercado sin control, al cual compara con el becerro de oro de los tiempos bíblicos, además de fustigar el egoísmo. Y lo hace desde una cátedra basada en ejemplos muy claros, aunque sencillos y significativos: reducción de la pompa y en algunos casos el boato eclesiástico, cuya existencia podría ser la fuente de críticas porque no coinciden con los principios cristianos de simpleza y de austeridad.
EL PAPA ACABA DE SER nombrado hombre del año por la revista estadounidense Time. Esto es significativo porque implica el convencimiento de los editores de ver en este sucesor de San Pedro a alguien dispuesto a hacer cambios y a haberlos comenzado. La voz papal, como la de todos los líderes religiosos —relacionados de alguna manera con los valores, la ética (definición y teoría acerca de lo bueno y lo malo) y la moral (cómo aplicar esas definiciones en la vida práctica). Por ello sus palabras sobrepasan el campo de influencia del grupo cristiano más grande, relacionado por dos mil años con la cultura y la historia, para bien o no. Su menaje llega a los demás cristianos y se rebalsa a los oídos de quien practique cualquier otra religión.
UN PUNTO IMPORTANTE, creo yo, es conocer, analizar y valorizar los criterios de Francisco en el campo de la forma de celebración de la Navidad, pues sin duda ha caído en el consumismo y hedonismo tan criticados por él y también por sus antecesores. Debe hacerlo teniendo el cuidado de no debilitar esas celebraciones en su calidad de formas de cultura y de tradición, sin las cuales se causaría daño a mucha de la esencia del catolicismo. Por estas razones, los ojos de teólogos, religiosos y practicantes de la religión católica tienen motivo para sentir interés por los criterios del único Papa cuyo idioma materno es el español, en cuanto a cómo debe ser celebrado el nacimiento de quien tuvo como primera compañía ajena a un buey y una mula.