VENTANA

Las escuelas como centros de creación del futuro

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Estimados lectores, después de 18 años de escribir en este espacio me despido de mis columnas semanales, pero seguiré comunicándome con ustedes esporádicamente. No es un adiós definitivo. Muchas gracias por acompañarme en esta aventura que ha modelado mi vida. Escribir cada artículo siempre fue un gran esfuerzo, pero lo hice con pasión y alegría para ustedes. ¡Y lo seguiré haciendo! Ha sido un aprendizaje intenso. Agradezco a Prensa Libre su apertura y respeto hacia mis columnas siempre. Necesito tiempo para cumplir con un sueño inconcluso: escribir un libro que insiste que lo escriba. ¡Ya quiere nacer! Durante toda mi vida profesional como periodista, más de 30 años, Guatemala ha sido mi inspiración y seguirá siéndolo en esta nueva etapa que emprendo.

Cierro este espacio con broche de oro, contándoles la historia de cómo nació la escuelita Proyecto Escuela Cristo Obrero, ubicada en el barrio El Morón, en Iztapa, Escuintla. Considero que las escuelas pueden funcionar como centros integrales de formación para la niñez y los padres de familia. La escuela Cristo Obrero se encamina hacia esa meta. ¿Cómo empezó todo? La iniciativa fue de una familia completa, padres e hijos (prefieren permanecer en el anonimato), y una red de amistades conscientes que se unieron para ayudar a los niños de esa comunidad de Iztapa que vive en condiciones de pobreza extrema. El proyecto empezó hace ocho años como una guardería. Querían que las mamás fueran a trabajar y los niños no vagaran en las calles solos. Con el apoyo de una hermana de la Congregación Religiosa Amistad Misionera en Cristo Obrero (Amico) atendían a 60 niños, ¡todos desnutridos! Luego la congregación envió a Suhail Martínez Hernández, de República Dominicana. La hermana Suhail es licenciada en Educación. Ella sugirió crear una escuelita de párvulos, con niños de 1 a 6 años. Organizó a las madres de los niños para que cocinaran chiles rellenos, los vendieran en la comunidad y así obtuvieran el dinero para darles desayuno y almuerzo a los pequeños antes de regresar a sus casas. La misma familia fundadora aportó el dinero para construir una cocina impecable y el comedor para los niños. La Hna. Suhail ya gestionó la autorización en el Ministerio de Educación para arrancar con la Primaria.

' “Estoy segura de que esta generación de niños bien alimentados y estudiados marcarán la diferencia en Iztapa”.

Rita María Roesch

La escuela tiene actualmente una población de 150 alumnos que asisten a primero, segundo y tercer grados. Gracias a una donación se pudo construir el aula para primer grado, pero faltan las aulas para 2º y 3º grados. Uno de los programas más importantes de la escuela es el de Valores y Virtudes. Las madres reciben una guía de nutrición y pautas de crianza. Los niños asisten a su escuela bañados y con su uniforme nítido. La meta es seguir creciendo, completar la escuela primaria y secundaria e inclusive capacitar a los padres de familia en mecánica, jardinería, repostería, etc. “Estoy segura que esta generación de niños bien alimentados y estudiados marcarán la diferencia en Iztapa”, me comentó la mamá de la familia gestora del proyecto. La infancia es la etapa más vulnerable del ser humano porque no ha completado su desarrollo físico, ni emocional ni mental, por lo que necesita protección especial. Los niños y las niñas tienen derecho a crecer sanos, en condiciones óptimas de amor, seguridad y protección, para desarrollar todo su potencial. “Un niño con hambre y temor no aprende”, recordó el Clarinero. Exijamos que los candidatos coloquen en sus programas de gobierno a la niñez como una prioridad y vean las escuelas como ¡centros de creación del futuro del país!

P.S. La escuela Cristo Obrero necesita para seguir de sus donaciones. Llame al teléfono 52035907

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