Editorial

Un Premio Nobel de la Paz que parece literario

Ciertos sectores ven una jugada simbólica para congraciarse con el mandatario estadounidense, pero no se atisban mayores cambios en Venezuela.

Quizá se podría empezar con un ejemplo muy prosaico: si a un jugador —no vamos a mencionar nombres— le conceden el codiciado balón de oro, por una decisión colegiada entre cien votos, ¿qué pasaría si un mes después de recibir el galardón decide entregárselo a otro? Se armaría una amplia polémica sobre la pertinencia del acto y el desplante hacia quienes lo otorgaron. Solo se trata de una analogía ficticia para abordar la inédita e insólita decisión de la premio nobel de la paz 2025, la opositora venezolana Corina Machado, al entregar su medalla de reconocimiento, ayer, al presidente Donald Trump, “en nombre del pueblo venezolano”, como agradecimiento a la captura y extradición del dictador Nicolás Maduro.


Trump declaró repetidamente su interés por ser reconocido con dicho premio, el más prestigioso del planeta respecto del activismo en favor de la paz y la concordia, declarando que había logrado frenar varias guerras. Cuando se anunció a Machado como ganadora, el 10 de octubre, esta lo llamó por teléfono y le dijo que lo había recibido en su nombre. No había ocurrido la incursión militar estadounidense en suelo venezolano. Y la analogía hipotética inicial con el futbol no es tan distante de la realidad porque el 5 de diciembre, Giani Infantino, presidente de la Federación Internacional de Futbol Asociado (Fifa), le entregó a Trump el Premio de la Paz de esa organización, recién creado en noviembre.


Desde 1901 se han entregado 106 premios Nobel de la Paz a 143 galardonados —112 a personas y 31 a organizaciones—. Solo una vez fue rechazado, por el líder vietnamita Le Duc Tho, en 1973, por considerar que aún no había paz en su país. También han existido rechazos en Literatura, pero nunca se había producido un “endoso” como el actual.


Las reacciones han sido mayoritariamente críticas hacia Machado, sobre todo de la Academia Sueca y del comité a cargo de la selección. Cuando se anunció el galardón por su lucha contra la dictadura, hubo gran algarabía, debido a la perseverancia, valentía y constancia de la política venezolana, a quien le fue vedada la participación como presidenciable. Su postura hacia Trump puede ser genuino agradecimiento por el apoyo político y la detención de Maduro, pero el régimen chavista sigue al frente del país, con muy pocos cambios. En varias ocasiones se ha cuestionado en este espacio la barbarie politiquera, la devastación económica, la confrontación social y la masiva migración ocasionada por ese régimen despótico.


Trump declaró, poco después de la incursión del 3 de enero, su interés específico por el petróleo venezolano como uno de los motivos primarios. Demeritó la figura de Machado al decir, el 6 de enero: “Creo que sería muy difícil para ella ser la líder… No tiene el apoyo ni el respeto del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”. Quizá Machado está siendo coherente con su gratitud inicial, que incluye el apoyo logístico recibido de Estados Unidos para poder salir de Venezuela y acudir a la ceremonia de premiación, el 10 de diciembre, a la cual, de todos modos, no llegó a tiempo.


Ciertos sectores ven una jugada simbólica para congraciarse con el mandatario estadounidense, pero no se atisban mayores cambios en Venezuela. Trump ha conversado con la presidenta en funciones, Delcy Rodríguez, que parece estar dispuesta a seguir el guión impuesto, y no hay visos de que Machado vaya a regresar pronto a su país o se incorpore a un proceso de transición o eventuales elecciones, mucho menos el presidente electo, Edmundo González.

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