EDITORIAL
Una CSJ jugando a serpientes y escaleras
Guatemala está harta de la sobreposición de ambiciones sectarias por encima del bien común.
Existe un juego de mesa usualmente llamado “serpientes y escaleras”, mediante el cual cierto número de jugadores intenta llegar en un tablero numerado a la casilla más alta, entre escaleras para saltarse filas completas y serpientes que pueden regresar a cualquiera muchas casillas debajo. Es un juego infantil que puede tardar muchísimo, en tanto nadie llegue al final de la ruta. Y, por momentos, parece que ese es el jueguito que se traen los 13 magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), tirando a los dados, reuniéndose sin lograr consensos, intentando tener los nexos adecuados para ascender. La obvia discrepancia de esta práctica dilatoria es que no se trata de un juego, sino de la definición del liderazgo del Organismo Judicial (OJ) en un año decisivo.
En efecto, los procesos para designar magistrado titular y suplente de la Corte de Constitucionalidad (CC), así como presidir el proceso de postulación de aspirantes a fiscal general son un botín político, de influencia y potestades que han llevado a titubeos, a entrampamientos y a simulacros de desinterés por la presidencia del OJ. Serpientes y escaleras. En ese juego de intereses están enfrascados desde septiembre, pero han sido incapaces de lograr un consenso.
Mayoría teórica sí ha habido, pero con nexos cuestionables y en favor de ciertos nombres que acarrean desgaste e incluso señalamientos del Departamento de Estado. Se supone que hay un bloque dominante, pero cuyas bazas favoritas despiertan suspicacias de ir comprometidas con una agenda ya vendida. Del otro lado hay una minoría que se resiste a plegarse a tales predestinaciones, algunos de cuyos integrantes han cambiado de bando por tentadoras magistraturas en el reciente —e improcedente— nombramiento a dedo de magistrados suplentes como titulares de Apelaciones.
El vocal 1 ha ocupado la presidencia interina por tres meses, tal como lo ordena la Ley Orgánica del OJ. A estas alturas del proceso institucional de relevos, lo mejor sería confirmarlo como titular, en vez de seguir tratando de colocar escaleras convenencieras o de morderse los talones entre sí para que nadie más llegue. No es primera vez que ocurre un intríngulis de este tipo, pero se supone que estos magistrados ya fueron electos en un proceso que ha aprendido de los errores, horrores y abusos del pasado.
Y ya que estamos en las metáforas lúdicas, es evidente que ya hay algunos nombres que suenan en la banca para ir a la CC o al Ministerio Público. Sin embargo, en aras de la sanidad y renovación institucional, no debería haber reelecciones en ninguna de las dos entidades. Primero, para evitar los intercambios de favores. Segundo, para asegurar que dichas entidades trabajen enfocadas en la misión para la cual fueron electos sus titulares y que no tengan que “agradar” o “cuidar” a nadie en sus resoluciones, para no pisar una casilla de serpientes —más claro: para no caer en conflictos de interés—.
La situación del país no está para juegos de mesas ni de tronos, los magistrados de la CSJ juraron servir al pueblo de Guatemala, no a figuras fácticas ni a intereses que se mueven entre las sombras. Sí, las decisiones tienen un componente político legítimo, pero deben ventilarse claramente, de cara a la ciudadanía. No sería mala idea que se transmitieran las sesiones de votación de la CSJ para poder visualizar con claridad en dónde es que se atora el diálogo y quiénes son los que intentan imponer otros propósitos ajenos a la misión de tan alto organismo. Si la Corte quiere recuperar legitimidad, debe exhibir consenso, no trueques, porque Guatemala está harta de la sobreposición de ambiciones sectarias por encima del bien común.