Escenario

César Fetzer Paz: Desde el aula se construye el país

Mediante herramientas tecnológicas y experiencias de aprendizaje inmersivo,  el docente César Fetzer fortalece en sus estudiantes habilidades y conocimientos agroambientales.

César Fetzer integra inteligencia artificial y realidad virtual en la formación de estudiantes de la Escuela de Formación Agrícola. (Foto Prensa Libre: Cortesía César Fetzer).

En las aulas de la Escuela de Formación Agrícola (EFA), en Cobán, Alta Verapaz, el docente César Guillermo Fetzer Paz transforma la formación de sus estudiantes al integrar la inteligencia artificial (IA) y la realidad virtual (VR) en el aprendizaje. Con estas herramientas fortalece las competencias agroapecuarias de sus alumnos e impacta también positivamente en la comunidad.

Su vocación por la enseñanza lo ha llevado a desarrollar proyectos innovadores. Entre ellos destaca el “Agrogaming”, una metodología basada en el Aprendizaje Basado en Juegos -ABJ-, que permite a los educandos simular cultivos, enfrentar problemas reales del sector agrícola y potenciar sus competencias mediante el aprendizaje práctico y lúdico.

Esta propuesta lo posicionó entre los 50 finalistas del Global Teacher Prize 2026 (Premio Mundial al Docente), considerado el “Nobel de la Educación”. Es la primera vez que un guatemalteco se posiciona entre los mejores maestros del mundo.

Más allá de esta iniciativa, Fetzer impulsa otros proyectos enfocados en la lectura, el pensamiento crítico y el desarrollo de habilidades blandas, con el objetivo de formar ciudadanos capaces de responder a los desafíos del futuro.

¿Cómo nace su vocación por ser docente?

Vengo de una herencia de maestros. Mi mamá fue maestra y, como no tenía con quién dejarme, me llevaba con ella desde los tres años a la aldea Tzacanihá en Carchá, Alta Verapaz, donde trabajaba. Ahí crecí viendo cómo impartía sus clases y cómo realizaba proyectos con la comunidad.

En ese entonces —hablo de finales de los años 90 e inicios del 2000— el rol del educador era muy respetado, especialmente en las comunidades. Mi mamá, junto con otras seis maestras, dirigía la escuela y desarrollaba proyectos de gran trascendencia. Se involucraban de lleno en la comunidad. Enseñaban no solo contenidos académicos, sino también habilidades para la vida: tortear, coser, producir y vender.

Ahí comprendí que el maestro es el factor clave para que el currículo tenga sentido. Desde pequeño vi cómo, aun con recursos limitados, buscaban soluciones y generaban impacto.

Durante mi etapa en primaria, básico y diversificado, tuve la fortuna de encontrar maestros que marcaron mi vida. A ellos les debo mi pensamiento crítico, mi capacidad de análisis y mi expresión verbal. No se enfocaban únicamente en transmitir conocimientos; se centraban en desarrollar habilidades. Llegaban al aula con entusiasmo y alegría por enseñar.

Estudiantes desarrollaron un hidrogel—biopolímero que retiene humedad en las plantas y es resiliente al cambio climático—como parte de los proyectos impulsados por César Fetzer. (Foto Prensa Libre: Cortesía César Fetzer).

Creo que la vida me fue encaminando hacia la docencia. Desde los 9 años sabía que quería ser maestro y también psicólogo. Hoy soy maestro de educación primaria, psicólogo profesional y estoy certificado como neuropsicoeducador.

Más que una vocación, para mí es una filosofía de vida. Mi mamá fue mi principal referente, pero también influyeron mis maestros y mi familia, porque mis tíos y mis abuelos también fueron docentes. Esa herencia marcó mi camino.

¿Cómo nace Pentágono de la Comprensión Lectora?

El Pentágono de la Comprensión Lectora es una estrategia que yo cree. Aunque he desarrollado varias metodologías, esta surge desde mi labor como profesor de Idioma Español-Comunicación y Lenguaje, en la Escuela de Formación Agrícola. Siempre he tenido claro que una de las principales debilidades del sistema educativo es la comprensión lectora —junto con la matemática— y que la pandemia marcó un antes y un después en la forma de enseñar.

Desde hace diez años trabajo en este proyecto con el objetivo de desarrollar competencias críticas y motivar a los estudiantes a leer. Consiste en realizar actividades mediante cinco pilares para desarrollar las competencias lectoras: 1. Práctica, 2. Movimiento, 3. Interiorización, 4. Relación y 5. Emoción; estas, combinadas, ha permitido elevar los niveles de comprensión en mis estudiantes.

 A partir de esa búsqueda creé un ecosistema que titulé “Agrometaverso”,  una estrategia de aprendizaje inmersivo, el cual integra la inteligencia artificial, la realidad virtual, la realidad aumentada y el agrogaming. La idea es generar simulaciones que conecten el aprendizaje con la realidad.

El agrogaming nace a partir del videojuego “Farming Simulator”, una aplicación que mis estudiantes utilizaban con entusiasmo para simular fincas y cultivos. Vi allí una oportunidad y me pregunté: “¿Por qué no utilizar esta herramienta para desarrollar competencias lingüísticas y pensamiento técnico-agrícola?”.

Diseñé entonces una planificación en la que los alumnos exponen, de forma digital y simulada, sus propias fincas. Con ello integré comprensión lectora, expresión oral y desarrollo verbal.

Mi enfoque principal es fortalecer habilidades blandas: pensamiento crítico, resolución de problemas, creatividad, comunicación asertiva y trabajo en equipo. Además, promuevo competencias verdes, fundamentales en la formación de Peritos Agrónomos, especialmente en un contexto donde el tema ambiental es central en el ámbito mundial.

A través del uso de gafas de realidad virtual, los estudiantes pueden conocer prácticas agrícolas en otros entornos y analizar soluciones aplicables a su comunidad. El objetivo es formar ciudadanos globalizados, capaces de responder a problemáticas locales.

Esta propuesta fue la que llamó la atención del jurado internacional del Global Teacher Prize y me llena de satisfacción que se valore una iniciativa nacida desde el aula. 

César Guillermo Fetzer Paz viajó a Dubái, donde se llevó a cabo la entrega del Global Teacher Prize. (Foto Prensa Libre: MAGA)

¿Qué significa ingresar en el Global Teacher Prize?

 He trabajado en este proyecto durante cinco años. Siempre supe que existía el Global Teacher Prize, pero también entendía que mis iniciativas debían madurar para competir en el ámbito internacional. Por eso planifiqué cada paso. Yo soy de la idea de que los sueños no se cumplen, se trabajan.

Cuando envié la postulación, lo hice con convicción, aunque con humildad. El 8 de diciembre recibí una videollamada desde Buenos Aires, Argentina, para darme la noticia. Fue sorpresivo y, al mismo tiempo, el resultado de un proceso que venía construyendo desde hace años. Recuerdo que me emocioné hasta las lágrimas y le di gracias a Dios, ¡Fue un sueño cumplido!

Tengo claro que es la primera vez que un docente guatemalteco entra en este ranquin mundial. Soy el primero, pero no quiero ser el único. Espero que, en las próximas ediciones, más maestros del país participen y logren posicionarse, como ya ocurre en otras naciones de la región.

Para mí, este reconocimiento simboliza el fruto de 12 años de trabajo en el aula. Puede parecer una trayectoria corta, pero ha sido intensa y significativa. Representar a Guatemala en un escenario internacional era un sueño personal: portar la bandera del país desde la educación, así como otros lo han hecho en el deporte o la ciencia.

Hoy lo asumo con gratitud hacia Dios, mi familia, mis alumnos y mi escuela, que han sido parte fundamental de este proceso.

Fetzer fue seleccionado entre 50 finalistas del Global Teacher Prize 2026, considerado el nobel de la educación. (Foto Prensa Libre: Cortesía César Fetzer).

¿Es necesario actualizar la metodología en el país?

Cuando comparo la educación de Dubái con la de Guatemala, encuentro una diferencia clara: ellos se centran en habilidades, y nosotros, en conocimientos. Ese es el punto medular.

En mi opinión, el sistema debería fortalecer las competencias emocionales, la educación financiera y el emprendimiento —que ya existe, pero puede transformarse—, así como la nutrición, la planificación familiar, la ciudadanía y el liderazgo. Las habilidades blandas tendrían que ser un eje transversal, mientras que los contenidos funcionarían como eje vertical.

Diversos estudios, como los de Rafael Bisquerra, señalan que el 80% del éxito de una persona está relacionado con su educación emocional. Sin embargo, en las aulas es lo último que trabajamos. Necesitamos metodologías que permitan a los estudiantes enfrentar problemas reales de su comunidad.

Entre las estrategias que considero más valiosas están el Aprendizaje Basado en Problemas -ABP- , el Aprendizaje Basado en Proyectos -ABPR- y el Aprendizaje Basado en Retos -ABR-. Son modelos que otros países aplican con éxito. No creo que debamos copiar sistemas extranjeros sin adaptación; cada país debe fortalecer su propio modelo educativo según su realidad.

César Fetzer integra inteligencia artificial y realidad virtual en la formación de estudiantes de la Escuela de Formación Agrícola. (Foto Prensa Libre: Cortesía César Fetzer).

Para mí, la esencia de la enseñanza es la didáctica. Más que la metodología en sí, importa cómo se enseña. No es lo mismo explicar una fórmula en el pizarrón que llevar al estudiante a experimentarla en la cancha, medir, calcular y comprobar. Ahí ocurre el aprendizaje.

La creatividad del docente es clave. Yo aprendí de maestros que resolvían problemas con pocos recursos y entendí que la enseñanza debe centrarse en resultados, no solo en presentaciones vistosas. Lo importante es preguntarse: ¿qué aprendieron los estudiantes?, ¿qué habilidades desarrollaron?

Un ejemplo fue cuando el -INSIVUMEH- Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología de Guatemala, anunció una canícula en Alta Verapaz. Les planteé a mis alumnos un reto: si la sequía afecta sus cultivos, ¿qué solución propondrían? A través del aprendizaje basado en retos desarrollaron un hidrogel —un biopolímero que retiene humedad en las plantas y es resiliente al cambio climático—.

Ese proyecto obtuvo el primer lugar en el Festival de Ideas Innovadoras del departamento y, posteriormente, el reconocimiento nacional en educación agroambiental, en el premio GEMAS 2025. Yo solo fui el facilitador; ellos construyeron la solución.

Por eso sostengo que sí se puede innovar. Lo que se necesita es voluntad, creatividad y enfoque en resultados.

César Fetzer integra inteligencia artificial y realidad virtual en la formación de estudiantes de la Escuela de Formación Agrícola. ( (Foto Prensa Libre: Cortesía César Fetzer).

¿En qué proyectos sigue usted trabajando?

Actualmente, trabajo en varios proyectos. Uno de ellos es el Club de los Lectoprofes, a través del cual brindo capacitaciones y procesos de team building —construcción de equipos— enfocados en el desarrollo educativo. Soy coach educativo y he creado un programa dirigido a docentes para fortalecer sus metodologías y competencias.

También impulso el proyecto “Yo También…”, una iniciativa orientada a concientizar sobre el acoso escolar y a brindar herramientas para apoyar a las víctimas.

Además, desarrollo el programa Agrolectores, enfocado en promover la lectura mediante actividades formativas dentro del contexto agroeducativo.

Fetzer fue seleccionado entre 50 finalistas del Global Teacher Prize 2026, considerado el nobel de la educación. (Foto Prensa Libre: Cortesía César Fetzer).

ESCRITO POR:

Esdras Laz

Periodista de Prensa Libre para el área de bienestar, cultura y tendencias con varios años de experiencia en medios escritos y televisivos.