Catalejo
“Therians”, o la mezcla de lo irreal y lo absurdo
La ridiculez de humanos identificándose como animales ejemplifica la ausencia de sentido común.
El ser humano tiene la característica del instinto, definida como la capacidad única de reflexión, pensamiento, comprensión y voluntad como base para distinguirse de los animales, carentes de esta y solo dependientes del instinto, por el cual carecen de responsabilidad y de culpabilidad. Una adicional característica de nuestra raza es la estupidez, irracional o al menos irreflexiva, causante de daños a veces mortales para uno mismo y/o los demás, y sobre todo constante en muchas ocasiones. Por cierto, se diferencia de la maldad, innata, consciente y voluntaria, y a veces eliminable cuando el malo reflexiona, se arrepiente y deja de ser instrumento del mal, la mala fe, la venganza. Por eso es más peligrosa, como en su momento dijeron los estudiosos del tema, el alemán Bonhoeffer y el italiano Cipolla, durante el siglo pasado.
La sociedad debe detener el absurdo de adolescentes o jóvenes adultos creyéndose animales en los países de economías avanzadas.
La estupidez se desarrolla, desenvuelve y no es la misma a lo largo de la Historia, porque depende de ignorar factores desconocidos o no descubiertos, pero aparece breve o permanentemente en todos los seres humanos, con efectos imposibles de eliminar aunque haya arrepentimiento. Los avances científicos o históricos irónicamente pueden provocarla debido a quienes se consideran dueños de la verdad. Agregar el factor de la estupidez ayuda a entender causas, como la falta de capacidad intelectual, sobre todo en el análisis de la realidad, del futuro y de lo ocurrido en el pasado inmediato, cercano o muy lejano. La ridiculez de humanos identificándose como animales ejemplifica la ausencia de sentido común, la adopción por moda, inseguridad o rebeldía en una mezcla donde participa también la incapacidad de comprensión.
Esta creencia irracional e irreflexiva de creerse animal ha creado el término “therians”, derivado de theria, animal salvaje, y antropos, hombre. Actualmente, el abandono de principios provoca estupideces ridículas, como las de los patojos autodefinidos como perros-gatos-lobos y también las de hombres o mujeres inconformes con su naturaleza y división genital. Tienen la aprobación de padres inseguros, deseosos de ser calificados como comprensivos o, peor aún, incapaces por cobardía de entender las terribles consecuencias de semejantes aberraciones perversas, opuestas a lo normal y lo correcto. Han proliferado y desde los últimos dos años estos seres humanos convencidos de ser animales se incrementan cada vez más, a causa de la comunicación instantánea y mundial de ideas fuera de la más elemental lógica.
Estos malcriados, irreflexivos, inmaduros y sobregratificados por la sociedad opulenta de los países occidentales donde reina el exceso, Estados Unidos y su área de influencia, no pueden siquiera pensarse en sociedades económicamente pobres, donde demasiados tienen como principal y dolorosa tarea mendigar u obtener algo de dinero para sobrevivir, pasar el día o alimentar a su familia. Jamás perderán su tiempo en creerse chucho. Esta moda deriva de la falta de disciplina familiar, no necesariamente como castigo, sino como guía para cumplir las tareas básicas de ser ciudadano, perpetuar la especie humana, prepararse para utilizar los avances técnicos, los nuevos criterios producto de la ciencia y la tecnología bien entendidas, no aquellos anticulturales y antimusicales como los ruidos generados por Bad Bunny.
Una reacción es inesperada y positiva: ver en redes sociales videos de padres y madres advirtiendo a sus “bebecitos” los efectos de tales acciones: “¿querés ser chucho? Entonces te alimentarás de comida de perro, dormirás en el suelo o en el patio, ladrarás para comunicarte, te vacunarán contra la rabia, no podrás usar ropa ni inodoro, no irás al colegio caro donde estás”. Ante ese monumento a la estupidez, algunos padres lo están enfrentando con toda justificación y razón, a mi criterio. En un mundo como el de esta semana, con riesgos reales de guerra atómica y de falta de comida, por ejemplo, alcanzarán a estos seres, y al resto de la humanidad, obligada a escoger cuáles de los considerados avances deben necesariamente ser eliminados, porque la falta de límites ya llevó al abuso, la irracionalidad y la estulticia.