Liberal sin neo
Arteria de la economía mundial
Fuerte sacudida para la economía y el bolsillo del consumidor.
Pocas materias primas tienen una presencia tan silenciosa y omnipresente en la economía moderna como el petróleo. Se asocia con la gasolina o el diésel, pero su uso es mucho más amplio y profundo; es un insumo fundamental en el transporte global, en la petroquímica, fertilizantes, plásticos, fibras sintéticas y miles de productos industriales. Es la sangre del sistema económico global, y cuando su flujo se altera, el organismo entero lo siente.
Cuando su flujo se altera, el organismo entero lo siente.
Hoy el mundo produce cerca de cien millones de barriles diarios (mbd) de líquidos petroleros. Los mayores productores son Estados Unidos, Arabia Saudita y Rusia, seguidos por Canadá, China, Irak y Emiratos Árabes Unidos. La revolución del shale oil transformó radicalmente esta estructura; Estados Unidos pasó de producir alrededor de cinco mbd en 2008 a más de 12 mbd en poco más de una década, convirtiéndose en el mayor productor mundial. Venezuela, Arabia Saudita, Canadá, Irán e Irak tienen las mayores reservas conocidas de petróleo, pero la producción no siempre coincide con las reservas; factores institucionales y de inversión determinan la parte de esos recursos que llega al mercado.
El transporte es un elemento crítico del sistema. Dos tercios del comercio internacional de crudo se mueven por mar mediante superpetroleros; el resto circula por una vasta red de oleoductos que conectan campos de producción con refinerías y puertos. Cuellos de botella geográficos como el estrecho de Ormuz, el canal de Suez o el estrecho de Malaca son puntos neurálgicos del sistema energético global; una perturbación en cualquiera de ellos puede provocar un aumento inmediato en los precios.
Los precios del petróleo han demostrado ser extraordinariamente sensibles a shocks geopolíticos. El embargo petrolero árabe de 1973 cuadruplicó los precios en pocos meses. La revolución iraní de 1979 y la invasión de Kuwait por Irak, en 1990, generaron abruptos aumentos temporales. El boom de demanda global impulsado por China llevó el precio del crudo por encima de 140 dólares por barril en 2008, antes de colapsar durante la crisis financiera mundial.
En 2014, el petróleo cayó desde más de cien dólares hasta menos de 40 cuando la expansión tecnológica del shale estadounidense generó saltos en la oferta. En 2020, durante la pandemia, el colapso de la demanda provocó que en abril el precio tocara fondo a menos de 18 dólares. La recuperación económica pospandemia llevó el barril al rango de 60-70 dólares y fue la invasión rusa de Ucrania en 2022 que impulsó a precios por encima de 115 dólares. Desde entonces el mercado ha oscilado en un rango amplio, reflejando tensiones entre crecimiento económico, política energética y riesgos geopolíticos.
La tendencia muestra una historia de crecimiento sostenido. La producción mundial pasó de aproximadamente 60 mbd a principios de los años 90 a más de 95 mbd antes de la pandemia. En diciembre de 2025, el precio por barril era cerca de 31 dólares; una semana después de los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel a Irán, iniciados el 28 de febrero, el precio alcanzó momentáneamente cerca de 120 y luego se estabilizó alrededor de 90 dólares.
El precio del petróleo es un nervio sumamente sensible a expectativas sobre el futuro. La interrupción o eventual normalización de la producción, almacenamiento y transporte del petróleo en Medio Oriente variará en relación directa a la escala del conflicto, que determinará las condiciones reales de la oferta y el nuevo normal de precios estables. Más allá del cómo y el por qué, es una fuerte sacudida para la economía y el bolsillo del consumidor.