La buena noticia
Cuando la justicia se niega a ver
¿Seguirá el sistema de justicia caminando en la oscuridad o llegará la hora en que Guatemala decida abrir los ojos?
La reciente integración de la Corte de Constitucionalidad (CC) debió ser una oportunidad para fortalecer el Estado de derecho en Guatemala. En cambio, confirmó lo que se venía denunciando: la persistencia de un sistema de poder que utiliza las instituciones para garantizar la continuidad de la corrupción y la impunidad. Lo ocurrido es un síntoma grave de la captura progresiva del sistema de justicia por intereses que se resisten a cualquier transformación democrática.
¿Seguirá el sistema de justicia caminando en la oscuridad o llegará la hora en que Guatemala decida abrir los ojos?
La CC es el órgano que interpreta la Constitución y decide sobre la legalidad de las acciones del poder público. Controlar la Corte significa influir decisivamente en el rumbo institucional del país. Por eso su integración nunca es neutral: revela correlaciones de fuerza, pactos políticos y alianzas que se negocian en la opacidad.
El reciente proceso mostró la convergencia entre sectores de la partidocracia enquistada en el Congreso, operadores del sistema judicial y poderosos grupos económicos interesados en preservar un modelo que ha permitido durante décadas la reproducción de privilegios y la protección mutua frente a la justicia. Cuando estas fuerzas colocan magistrados afines, el resultado es previsible: tribunales que actúan con severidad contra los débiles, pero muestran indulgencia frente al poder. La consecuencia es devastadora para la gente. Cuando la justicia se vuelve selectiva, el ciudadano percibe que la ley ya no funciona como garantía de igualdad, sino como herramienta de control político. Y cuando la justicia pierde legitimidad, la democracia entera se debilita.
En este contexto resulta iluminador el Evangelio sobre el ciego de nacimiento (Jn 9,1-41). Jesús devuelve la vista a un hombre marginado. Sin embargo, el conflicto no surge por el milagro, sino por la reacción de las autoridades religiosas. En lugar de reconocer la evidencia, las instituciones comienzan a interrogar, presionar y desacreditar al hombre curado. La verdad se vuelve incómoda porque cuestiona el orden establecido.
El desenlace es contundente: el hombre termina viendo con claridad, mientras que quienes se presentaban como guardianes de la verdad revelan su propia ceguera. Jesús lo plantea de modo crítico: “Para que los que no ven, vean; y los que creen ver, se vuelvan ciegos”. La enseñanza es directa. La peor ceguera no es la física, sino la institucional: la incapacidad de reconocer la verdad cuando resta amenaza los intereses que sostienen el poder.
Guatemala enfrenta hoy ese riesgo. Cuando las altas cortes, el Ministerio Público y otros espacios del sistema judicial actúan bajo la influencia de redes criminales, políticas o económicas, la justicia deja de ser un pilar democrático y se convierte en instrumento de preservación del poder. El problema ya no es solo jurídico; es moral
Pero el Evangelio también ofrece una clave propositiva. Jesús no se limita a denunciar la ceguera del sistema religioso; abre los ojos de quien había sido excluido. Es decir, pone en el centro a las víctimas y restituye su dignidad. Esa lógica debería orientar cualquier proceso serio de reforma institucional en Guatemala. Recuperar la independencia judicial exige procesos transparentes de elección de magistrados, controles efectivos contra el tráfico de influencias y un compromiso real de los actores políticos y económicos con la legalidad. Sin estos pasos, cualquier discurso sobre democracia queda en retórica.
La reconstrucción del sistema de justicia también requiere una ciudadanía vigilante. Ninguna institución se reforma solo desde dentro cuando está capturada por redes de poder. La presión social, la vigilancia pública y el periodismo independiente son indispensables para romper los círculos de impunidad.
El Evangelio advierte: los sistemas que se niegan a ver la verdad terminan perdiendo su legitimidad. La pregunta que queda abierta es decisiva: ¿seguirá el sistema de justicia caminando en la oscuridad o llegará el momento en que Guatemala, como el ciego, decida abrir los ojos?