Florescencia
Doble sueño guatemalteco
El triunfo de Léster Martínez y de Joshua Kevin Antón demuestra el poder de los sueños y el trabajo en equipo.
Un hecho inédito, emocionante y en un lugar emblemático: dos guatemaltecos triunfando en una misma noche: dos nombres, dos historias distintas que se cruzan en un deporte de alto impacto, en una velada de boxeo celebrada el sábado 21 de marzo, en San Bernardino, California, el estado de la Unión Americana que concentra a la mayor cantidad de connacionales fuera de Guatemala.
Léster Martínez es ahora guatemalteco campeón mundial interino de boxeo, categoría peso supermediano, mientras que Joshua Kevin Anton, de padres migrantes guatemaltecos, es campeón continental de peso welter. Dos combates, dos estilos, dos caminos, pero una misma raíz.
Es memorable la emoción que se vivía desde días antes de esta velada de cuadrilátero, y más aún la algarabía y sentido de hermandad sin fronteras que sigue manifestándose en los días siguientes a la doble victoria. Vivimos dentro del gran sueño de dos jóvenes guatemaltecos que han trabajado y perseverado.
Ninguna victoria en esta vida es fruto de la casualidad, de la emoción de un instante o de “golpes de suerte”: hay todo un camino cuesta arriba que a menudo no se ve. Pero nadie triunfa en soledad. Martínez subió al ring acompañado del apoyo emocional de millones de compatriotas, con un enfoque personal de triunfo y compromiso con la excelencia que permite seguir adelante a pesar del cansancio, de los golpes del oponente, del tiempo que parece alargarse. Fue así como triunfó. “¡Papá, mamá, su hijo es campeón!”, gritó, ya con el cinturón puesto.
Minutos antes de aquel triunfo, había ocurrido otra victoria histórica: Joshua Kevin Anton —descendiente de migrantes guatemaltecos radicados en California— también levantó los brazos. Ganó el Título Continental de Peso Superwelter, por nocaut técnico en el primer round. ¡Dos guatemaltecos poniendo en alto a sus familias y a la Tierra del Quetzal!
Entre el público en San Bernardino había muchos migrantes guatemaltecos radicados en Estados Unidos o compatriotas que viajaron para acudir a esta cita crucial. En restaurantes, plazas y hogares, de ambos países, había familias reunidas con ansia de presenciar un triunfo que llegó gracias a los valores en acción.
La lección es clara: si nos unimos alrededor de un mismo objetivo, podemos cumplir nuestro gran sueño guatemalteco.
La importancia del triunfo de Léster y Joshua trasciende límites y tiempos porque inspira a niños y jóvenes guatemaltecos, no solo en lo individual, sino también sobre el valor del apoyo mutuo.
El nombre de Esaú Diéguez, exboxeador guatemalteco originario de Barillas, Huehuetenango, es muy importante y emblemático. Hace dos décadas intentó ser boxeador profesional, pero múltiples barreras se lo impidieron. Como migrante debió trabajar en otros oficios que no eran su vocación deportiva. Y un día se decidió a ser entrenador, para transmitir aquel fuego de entusiasmo a nuevas generaciones. Su sueño lo llevó a ser maestro de campeones en Omaha, Nebraska. Entre esos pupilos está también Léster Martínez.
La lección es clara: si nos unimos alrededor de un mismo objetivo, podemos cumplir nuestro gran sueño guatemalteco. No importan los golpes adversos ni el cansancio: juntos podemos lograr lo que nos proponemos. Por eso no debemos dejar que nadie nos divida ni nos polarice. La noche del 21 de marzo, Guatemala fue una sola, con gritos de ánimo y después, de júbilo. En esa fecha ocurrió en 1847 la fundación de la República de Guatemala. ¡Qué manera tan única de celebrar esa unidad que necesitamos cultivar e impulsar!