Pluma invitada
Agua segura: clave para el futuro de la niñez y la mujer
Cuando una niña o un niño consume agua no apta, aumenta el riesgo de enfermedades gastrointestinales.
El acceso al agua segura no es solo una necesidad básica: es un pilar fundamental que abre oportunidades a lo largo de la vida. Es un derecho que garantiza salud, dignidad, bienestar y prosperidad. Sin embargo, para miles de niñas y niños en Guatemala, este derecho aún no está garantizado, y sus consecuencias impactan directamente en su salud, su aprendizaje y sus oportunidades de desarrollo.
La falta de agua segura roba la salud, interrumpe la educación y profundiza las inequidades.
Según el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS), alrededor del 25 por ciento de la población en Guatemala no tiene acceso a agua segura. Aún más preocupante, cerca de la mitad de la población carece de servicios adecuados de saneamiento. Estas brechas reflejan una realidad que afecta con mayor intensidad a comunidades rurales, indígenas y en situación de mayor vulnerabilidad.
El agua segura para el consumo humano es esencial desde el inicio de la vida. Durante la primera infancia, el cerebro y el cuerpo experimentan un crecimiento acelerado que sienta las bases del desarrollo físico, cognitivo y emocional. En esta etapa crítica, la exposición constante a agua contaminada puede tener efectos devastadores.
Cuando una niña o un niño consume agua no apta, aumenta el riesgo de enfermedades gastrointestinales, especialmente diarrea. Estas infecciones recurrentes impiden que el organismo absorba adecuadamente los nutrientes necesarios para crecer y desarrollarse.
Como resultado, se incrementa el riesgo de desnutrición aguda y crónica, una problemática que continúa afectando al país y que limita el potencial de desarrollo de toda una generación.
A nivel global, más de 1.8 mil millones de personas no tienen acceso a agua segura. En dos de cada tres hogares, la responsabilidad de recolectarla recae en niñas y mujeres. Este tiempo dedicado a conseguir agua es tiempo que se pierde en educación, en juego y en oportunidades de desarrollo.
Las niñas y las mujeres no solo están desproporcionadamente afectadas por la falta de acceso al agua, sino que también suelen estar ausentes de los espacios de toma de decisiones relacionados con su gestión. Sus voces, experiencias y conocimientos siguen sin ser suficientemente incorporados en la gobernanza del agua.
Donde fluye el agua, crece la equidad. Es importante reconocer el rol central que tienen las niñas y las mujeres en la gestión del agua, y reflexionar sobre el significado que tiene el agua en nuestras vidas.
Garantizar el acceso universal a agua segura y servicios de saneamiento no es solo una cuestión de infraestructura, sino una condición indispensable para romper ciclos de pobreza, exclusión e inequidad.
El llamado es claro: Garantizar agua segura hoy significa proteger la salud, el desarrollo y el futuro de Guatemala mañana.