Florescencia
Política sin dignidad: cercanía con un poder que criminaliza a los migrantes
El futuro del país debe construirse con quienes lo sostienen todos los días.
En los últimos meses se ha vuelto común ver a políticos guatemaltecos viajando a Florida. Asisten a eventos “exclusivos” —que en realidad se reduce a pagar por estar ahí—. Comparten fotos para mostrar que están donde creen que se concentra el poder político y económico. Es una estrategia frágil: no responde a una visión de largo plazo, sino al impulso del momento, al flow de la oportunidad. Detrás de cada fotografía en Mar-a-Lago se busca enviar un mensaje. No se trata solo de haber estado en un evento, sino de proyectar cercanía. Es como decir: “Yo tengo acceso al poder en el norte”. Buscan construir una percepción de respaldo, como si ello pudiera traducirse en ventaja política en Guatemala.
Pero, en un país donde en 2025 entraron US$25 mil 530 millones en remesas —enviadas por migrantes que han sido maltratados, criminalizados y deportados por ese mismo gobierno con el que se busca cercanía—, resulta totalmente incoherente. Tal fenómeno no nace de la nada. Algunos han visto lo ocurrido en otros países e intentan replicar fórmulas, creyendo que alinearse con ciertos actores con posturas extremas puede fortalecer candidaturas. Copiar estrategias sin entender el contexto propio puede ser un error costoso.
El Gobierno de EE. UU. es cambiante. Estamos a las puertas de un proceso electoral en Guatemala en 2027, mientras que en EE. UU. el próximo noviembre habrá elecciones de medio término que suelen redefinir el equilibrio de poder. Apostar a una administración específica es arriesgarse con algo que puede cambiar rápidamente. Aquí aparece una contradicción difícil de ignorar. Muchos de estos mismos actores hablan constantemente de soberanía, independencia y dignidad nacional. Sin embargo, sus acciones reflejan una búsqueda de validación externa. No se puede construir un discurso de soberanía mientras se depende de la foto con un gobierno que criminaliza a quienes contribuyen al mayor ingreso de Guatemala.
¿Merecen nuestros votos quienes se acercan a quienes criminalizan a las familias migrantes guatemaltecas?
Como migrante entiendo la importancia de EE. UU. para Guatemala. Allá viven 3.6 millones de compatriotas. Las remesas son el principal pilar de la economía nacional y son fruto de mucho trabajo y gran sacrificio. EE. UU. es nuestro principal aliado. Pero también es cierto que las políticas migratorias del actual gobierno han sido extremas. Miles de guatemaltecos han sido tratados como criminales por el simple hecho de buscar un mejor futuro para sus familias. ¿Qué mensaje se le envía al guatemalteco que se sacrifica, que trabaja, que lucha y envía dinero a su familia cuando ve a quienes se hacen llamar “líderes” buscar validación en un gobierno que los ha criminalizado? Esa es una pregunta que no se puede evadir y exige una respuesta.
El riesgo no es solo político; también es moral. Cuando el liderazgo depende de la aprobación de actores externos —y con ideologías extremas— se debilita la confianza en nuestras propias capacidades como país. Guatemala no necesita candidatos que estén buscando cercanía con quienes criminalizan a los connacionales; necesita líderes que construyan legitimidad desde su tierra, con su gente. Las relaciones internacionales son importantes, sí; pero deben basarse en respeto mutuo. De cara a las elecciones de 2027, cabe reflexionar sobre qué tipo de liderazgo queremos: uno que busque aprobación afuera, donde los migrantes guatemaltecos son criminalizados, o uno que construya confianza desde dentro. El verdadero liderazgo no se define haciendo fila para salir en la foto de un club en Florida. Se construye aquí, en nuestras comunidades, con nuestra gente, con nuestras decisiones y con nuestra dignidad.