Desarrollo de país
En defensa de la soberanía
El combate a la corrupción es legítimo; la erosión de la soberanía, no.
El 16 de abril el expresidente Jimmy Morales Cabrera presentó el libro de su autoría titulado En defensa de la soberanía. Cicig: el invitado que quería quedarse con la casa. Asistí al evento donde no cabía una persona más. He tenido la oportunidad de leer varios capítulos del libro.
Cicig: el invitado que quería quedarse con la casa
En primer lugar, me parece que está escrito en lenguaje fácil de entender, que permite una lectura rápida. Después, me parece que está muy bien hilado, y por último, me parece que es tan interesante que no quiere uno detenerse. En resumen, me parece muy profesional en todo sentido.
El prólogo del libro lo escribió el expresidente de Colombia Andrés Pastrana Arango, quien gobernó Colombia de 1998 a 2002, antes del expresidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2010). En 2013 tuve la oportunidad de conocer a ambos expresidentes y me parece que ambos son del perfil estadista que son los que, en mi opinión, son los más serios y responsables en diseño e implementación de políticas públicas y fieles a los roles de las instituciones de una república.
El expresidente Pastrana anota en el prólogo que a él también le preocupan fenómenos “relacionados con la pérdida de la soberanía, la justicia transnacional y los retos jurídicos e institucionales que la lucha contra la corrupción impone”. Guatemala, al igual que muchos otros países latinoamericanos, ha pasado por temas críticos de corrupción y debilidad institucional. Esa debilidad institucional es causada, en la mayor parte de lugares, por la misma corrupción. Comenta Pastrana que el expresidente Jimmy Morales “busca analizar las circunstancias mediante las cuales una intervención internacional limitó derechos fundamentales y debilitó los procesos de fortalecimiento institucional”. El libro analiza cómo la fórmula utilizada por Cicig “acabó en un debilitamiento de la estructura democrática y una afectación de las garantías constitucionales y los derechos fundamentales”, menciona Pastrana.
También menciona el expresidente colombiano que en buena parte del libro el expresidente Morales comenta que con la justificación de la lucha contra la corrupción cómo se fue organizando lo que llegó a ser Cicig, donde con experiencias en mecanismos internacionales de intervención de las instituciones acompañadas de una estrategia de presión mediática lograron “condenar” a muchos sin debido proceso y juicios.
Quizá lo más importante del prólogo es la importancia de garantías, procedimientos y protección de los derechos fundamentales de los ciudadanos, especialmente, los derechos de presunción de inocencia y del debido proceso que la Cicig continuamente obvió o violó. Andrés Pastrana mencionó que “la Cicig presentó innovaciones dentro del ámbito internacional de lucha contra la corrupción, pero sin duda la falta de límites en su operación y el efecto de debilitamiento del Estado durante su actuación, dejaron al final un sabor de intervencionismo innecesario por parte de un organismo internacional que, en cabeza de un extranjero, se convirtió en el suprajuez de Guatemala, sin estar sujeto a límites democráticos en su ejercicio”.
Lo que concluyo del prólogo y del libro es que en algunas ocasiones la lucha contra la corrupción se volvió de manejo absolutamente político, donde se vuelve una herramienta de intenciones o uso electorales. En eso, tanto Pastrana como Morales indican que la izquierda se ha vuelto experta en aplicar las batallas jurídicas en el ejercicio político. Lawfare es el fenómeno internacional donde las batallas políticas le dan una apariencia judicializada. En términos más simples, con la Cicig se desarrolló a plenitud la judicialización de la política y la politización de la justicia.
Sugiero leer el libro para entender cómo se llegó a establecer la Cicig, institución experimental con un mandato ambiguo, amplio y sin contrapesos, que fracasó al final.