Catalejo
El complicado tema de las construcciones
Las alcaldías se han vuelto centros de manejos de cifras desproporcionadas.
Es aceptable y cierto considerar como prueba de progreso el avance de la construcción en todas sus manifestaciones: viviendas, edificios, colonias, carreteras, puentes, pero necesita de un marco de normas producidas por planes preparados tanto por el Estado como por el empresariado privado, actuando cada cual en su esfera de acción. Los llamados planes maestros a largo plazo y previendo necesidades futuras, si están bien hechos impiden problemas para la calidad de vida de los ciudadanos. Destacan entre estos su efecto en la ecología y en los recursos naturales indispensables, como el agua, y se agrega la lamentable pérdida de tiempo. Por eso deben ser coordinados y no olvidar la supremacía del bien común y al mismo tiempo el derecho individual.
Edificios, colonias, bodegas, pasos a desnivel, puentes y demás construcciones necesita normas de estricto cumplimiento.
Sin tener el objetivo de criticar el hecho de las construcciones de todo tipo, me parece necesario señalar algunas de las necesidades más urgentes. Ejemplos: El crecimiento constante del número de vehículos, motos y camiones de cualquier tamaño obliga a normar algo tan simple no sólo de los semáforos, sino de la interrupción del paso por vehículos convertidos en obstáculos. Realizar en tres turnos diarios de ocho horas las ampliaciones o reparaciones de carreteras. Analizar la inclinación debida en los cortes de cerros para evitar derrumbes causados por tierra aflojada por las lluvias. Analizar las prioridades de las obras, empezando por las más importantes o por aquellas para disminuir el tiempo del traslado, como la carretera Xenacoj-Sanarate.
Alguna vez, alguien me preguntó ¿a quién pertenecen los cerros? Lo decía porque en un lapso de unos seis meses dos habían desaparecido para dar lugar a planicies parcialmente pavimentadas y por ello polvorientas, de estacionamientos de trailers, construcción de gasolineras y de centros comerciales, o colonias residenciales porque los propietarios obtuvieron permiso municipal, único requisito legal. Ya con esa curiosidad comenzamos a ver derrumbes en las laderas al lado de la carretera, debido a la caída de árboles por causas naturales. Pronto se manifiestan las peligrosas consecuencias de la deforestación, en muchos casos debido a la ausencia de normas en las municipalidades a cargo de las autorizaciones, como es lógico debido a la corrupción.
Para las colonias residenciales capitalinas o dentro de ciudades de los departamentos se necesita decidir el área mínima del terreno de las casas, el ancho de calles donde puedan pasar simultáneamente dos carros en vía contraria y haya algo de espacio adicional. En cuanto a los edificios, su altura debe ser regulada, según el ancho de la calle, no estar colocados al rostro de la acera, muchas veces muy angosta, con el fin de evitar chiflones y evitar la reducción del espacio de cielo visible, pues esto encallejona la visión. Si es un terreno grande y permite construir varias torres, dejar un área para lograr eso mismo y sembrar árboles adecuados para darle frescura y evitar la sensación de ausencia de naturaleza en un ambiente marcado por el concreto, hierro, ladrillo y vidrio.
Las alcaldías se han vuelto centros de manejos de cifras desproporcionadas con la cantidad de vecinos y la importancia de los municipios, sobre todo en el departamento de Guatemala. Y muchos de ellos ya andan en los primeros movimientos para lograr la reelección en los siguientes comicios. Esto tiene relación con el tema de las obras porque en ocasiones éstas no responden a las verdaderas necesidades de la población, pero sí de alguna manera les interesa a los funcionarios construirlas. Finalmente, en el caso de algunos alcaldes capitalinos, a algunos se les despierta el deseo de saltar del palacio de la loba al palacio nacional y eso ha tenido éxito solamente en una ocasión, la del PAN, por cierto clausurado oficialmente el lunes de la semana anterior.