Catalejo

El necesario análisis para sintetizar ideologías

El avance del pensamiento humano es muy variado, en algunas ocasiones inesperado o súbito, y en otras, resultado de procesos. La pregunta sobre cuál de los dos es el mejor tiene difícil respuesta porque hay ejemplos de resultados exitosos de cualquiera de esas dos posibilidades. Generalmente tiene tres pasos: la tesis, el análisis y la síntesis. Las ideas novedosas de bases abstractas, como lo son las ciencias humanísticas —filosofía, derecho, pedagogía, y demás— pasan por este proceso, aunque el tiempo sea muy largo. La tesis, entendida en un sentido de presentar y explicar una idea analizada, puede mantenerse así porque luego de nacer al mundo académico, político y demás, está sujeta a análisis o al estudio crítico de otras disciplinas científicas.


En la ideología, un ejemplo, la importancia otorgada al derecho de la libertad individual. Lo menciono por su actualidad, pues, según una escuela de pensamiento, no hay nada más importante, mientras la contraria otorga esa importancia al derecho de la comunidad. Se trata de dos tesis opuestas y por ello su defensa fanática no puede evitar confrontaciones irreconciliables y hasta guerras. En vista de la evidente verdad de existir en ambas posiciones algunas ideas lógicas y por ello atendibles, el análisis lleva la inevitable decisión de tomar algunas de estas y crear un nuevo criterio con una mezcla, no necesariamente equidistante pero sí con una lógica distinta mejor adaptada a la realidad, ya sea objetiva o entre las posibilidades aceptables.

Los títulos universitarios o estudios en otros campos no implican poseer la Verdad, sino solo una, o parte, de verdades distintas.


El logro de esta nueva posición tampoco significa derrota para uno de los grupos, porque obtiene lo aceptable de las dos posiciones opuestas. La síntesis requiere además una discusión respetuosa, con la meta de avanzar en el pensamiento humano. Uno de los errores de muchos al confrontar ideas antagónicas es defenderlas en base a lenguaje soez o insultos. No se logra nada y el diálogo se corta a veces tajantemente y cada uno se va a casa enojado. Hoy en día cada vez son más los ejemplos de tragedias creadas por esta actitud, por desgracia tan difícil de detener, por su directa relación con la personalidad humana, la educación y otros factores. Los títulos universitarios o estudios en otros campos no implican poseer la Verdad, sino solo una, o parte, de verdades distintas.


Uno de los enemigos peores del logro de avances en el pensamiento para comprender cómo este análisis lleva a descubrir alguna o muchas de esas nuevas verdades. Para lograrlo solo se necesita el sentido común —aunque ha sido correctamente calificado como el menos común de los sentidos— y una dosis de lógica derivada de esta característica humana. Se puede definir a la lógica como una sola, aunque para efectos prácticos se necesite colocarle algún adjetivo, como jurídica, política, partidista, incluso religiosa. Ninguna de ellas puede contradecir los significados de la lógica “pura”, derivada de los diversos y beneficiosos pensamientos de filósofos a lo largo de la Historia, por desgracia vistos ahora como innecesarios, aburridos y muy poco o nada aplicables.


Las ideologías deben poseer en forma implícita o explícita aspectos filosóficos, pero como el pensamiento de este campo no necesariamente es eterno, cambia a lo largo de la Historia. La etapa de cuando se acuñaron conceptos hoy vacíos de contenido como “derecha” o izquierda” ya fue superada y por ello ahora su uso no lleva a nada. Hay otro asunto: nadie es cien por ciento de izquierda o de derecha. Es imposible y en ello se anida la necesidad de buscar puntos de encuentro, rechazar los dogmas (verdades de fe, imposibles de analizar críticamente), emplear la tolerancia y seleccionar lo valioso de las ideas. A mi criterio no se puede avanzar cuando los contrarios no buscan puntos de unión y olvidan los terribles efectos de aplicarlas “puras”.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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