Florescencia
La inteligencia artificial, ¿la próxima ventaja política?
La IA no debería decidir por quién votar, pero sí puede ayudar a los ciudadanos a conocer mejor a quienes aspiran a dirigir el país.
Hace algunos meses tuve una idea: convertir a la oveja de cuatro cachos —un animal noble y poco conocido, símbolo de Huehuetenango— en un producto real que pudiera llegar a las manos de personas dentro y fuera de Guatemala. Lo que comenzó como una conversación, gracias a la ayuda de la inteligencia artificial (IA), pasó a convertirse en bocetos, luego en diseños, prototipos y especificaciones listas para fabricación, hasta llegar a un modelo tangible que próximamente llegará al mercado. Hecho posible gracias a herramientas de inteligencia artificial que ayudan a convertir ideas en negocios o productos.
Mientras avanzaba la idea a la realidad, pensé en algo más grande. Si una persona puede utilizar estas herramientas para desarrollar un producto, ¿qué podría hacer un ciudadano para entender mejor a quienes buscan dirigir una municipalidad o incluso el país? Más aún cuando podría competir hasta medio centenar de partidos políticos. Durante muchos años, obtener información sobre una persona requería tiempo, contactos o acceso a medios especializados. Los anuncios, entrevistas o comentarios de terceros estaban diseñados para influir en nuestra percepción. Esto cambió. La IA permite resumir información, comparar datos y responder preguntas en segundos.
Una de las preguntas más importantes que un ciudadano podría hacer antes de una elección es: “¿Cuál es la trayectoria de servicio de (nombre de candidato)?”. Es una pregunta sencilla, pero poderosa. No pregunta por promesas futuras ni por discursos de campaña. Pregunta por hechos, experiencias y resultados acumulados a lo largo del tiempo. Además, puede escribirse directamente en herramientas como ChatGPT, Gemini o Grok, para obtener referencias comparadas de quienes aspiran a cargos públicos. Estas herramientas recopilan información histórica sobre cargos desempeñados, proyectos impulsados, decisiones tomadas, logros alcanzados y desafíos superados. La respuesta no sustituye el criterio del ciudadano, pero sí le ayuda a decidir mejor sobre quien aspira a ocupar un cargo de responsabilidad.
La inteligencia artificial no reemplaza el juicio humano; puede ayudarnos a tomar decisiones mejor informadas.
Esto tiene una implicación importante para la democracia. En el pasado, las figuras más conocidas tenían una ventaja considerable porque contaban con mayores recursos para darse a conocer. Hoy, líderes comunitarios, jóvenes profesionales, emprendedores y personas con trayectorias valiosas tienen nuevas formas de presentar sus ideas y de llegar al público.
Es una gran oportunidad para los ciudadanos. La inteligencia artificial ya no es una tecnología reservada para gobiernos, universidades o grandes empresas. Las herramientas ya mencionadas y otras están disponibles para millones de personas. Cada una tiene fortalezas distintas, pero en paralelo ayudan a procesar datos. Pueden equivocarse y presentar información incompleta o interpretar datos de manera incorrecta, sí. Por eso es importante verificar, comparar y mantener una actitud crítica. La responsabilidad de decidir sigue siendo humana. Ninguna tecnología puede reemplazar los valores, principios y prioridades de cada votante.
En la vida pública, no podemos ignorar el impacto de la IA. Así como internet transformó la comunicación y los smartphones cambiaron nuestra forma de trabajar, la IA está cambiando cómo aprendemos, investigamos y decidimos. Es una herramienta de empoderamiento. Los líderes que sepan manejar estas herramientas tendrán ventaja. Podrán analizar más información, comprender mejor los problemas y comunicarse con mayor eficacia. Pero también los ciudadanos. La mayor lección es que el futuro favorecerá a quienes hagan mejores preguntas. La inteligencia artificial no nos dirá por quién votar, pero sí cotejar y distinguir la trayectoria de quienes verdaderamente desean servir a Guatemala.