Catalejo
Se debe analizar el hoy y cambiar lo necesario
El anterior futuro ya es presente, y del análisis correcto de hoy depende un mundo con los cambios necesarios.
Para solucionar los problemas se debe aceptar su existencia, y una vez hecho esto, para solucionarlos se deben tomar las decisiones necesarias y algunas veces urgentes, además de analizar los resultados obtenidos cuando se intentó solventarlos de manera equivocada o malintencionada y torpe. Por ejemplo, el constitucional 10% del presupuesto del país (Q16 mil millones anuales, 44 diarios), se otorga a las comunas y a la Universidad de San Carlos el 5%, la mitad de la suma anterior. Son ejemplos por ser instituciones autónomas, considerándose falsamente autoridades sin control estatal alguno. Los ingresos por sueldos y dietas convierten a los alcaldes, síndicos y concejales en súbitos potentados, muchas veces de municipios de tamaño y población muy pequeños.
Las municipalidades se han convertido en numerosos clanes familiares de funcionarios, nidos de pseudopartidos políticos y fuentes de ingresos oscuros. El uso de clan es aplicable porque el significado en nuestra lengua es “grupo de personas unidas por parentesco, descendientes de un antepasado común”. El viernes, el extravagante y pintoresco alcalde mixqueño, Neto Bran, con su peculiar estilo descarado, anunció la candidatura de una hermana para esa alcaldía. Ella tiene derecho ciudadano, pero muy pocos tendrán la inocencia suficiente para no ver un comité cívico en formación y una alcaldesa. Otro caso es el del exalcalde mixqueño Amílcar Rivera, dueño del partido Victoria, con hijos como alcaldes o funcionarios de varios municipios.
Para la presidencia se ha intentado de todo: elegir abogados, militares, ingenieros, diplomáticos, sin ningún resultado digno de enorgullecer a la historia.
La dolorosa realidad de Guatemala es el resultado de elecciones donde los candidatos se dividen entre malos, muy malos, peores y “peorísimos”. No existen partidos políticos reales, porque los autorizados por el Tribunal Supremo Electoral no lo son. Llenan los números de afiliación, pero ello no significa tener bases de algo parecido a una ideología sólida y adaptada a la realidad de hoy. Cuando falta en realidad solo un año para el inicio de las campañas causa horror la posible participación de 25 partidos inscritos y de otros 20 más. Se deben agregar los aspirantes ya abiertamente en campaña, disfrazada con mensajes de cualquier tema pero en realidad promoción personal, aunque algunos crean poder abrirse paso por ser jóvenes, por tanto sin experiencia real.
En Guatemala para la presidencia se ha intentado de todo: elegir abogados, militares, ingenieros, diplomáticos, sin ningún resultado digno de enorgullecer a la historia. La situación actual aun es peor y más problemática porque las posiciones de derecha o de izquierda, al carecer de ideología, tendrán resultados similares, porque el objetivo de llegar a puestos políticos intrínsecos de una democracia es el enriquecimiento de alguien o de un clan. Contribuye a todo esto el analfabetismo político (no politiquero) por el cual se considera a la presidencia, diputaciones o alcaldías como pequeños reinos donde hay un emperador absoluto. Una mínima reflexión lleva a darse cuenta de cuáles son los reales motivos del fracaso como país merecedor de una mejor suerte.
Los cambios son urgentes, porque evidentemente no se pueden lograr si se sigue haciendo lo mismo. Es preocupante el desapego de los ciudadanos de edades entre 20 y 40 años, y entonces se debe pensar en ellos para convencerlos de votar. A pesar de todo, la tecnología electrónica les permite conocer mucho de la realidad a través de estudios e informes tanto nacionales como internacionales y ese rechazo a las barbaridades politiqueras de Guatemala puede convertirse en una buena sustitución de la promoción actual, con nacimiento y vida en un mundo comparativamente atrasado y con valores diferentes. La imparable promoción para las siguientes elecciones debe ver del mundo de hoy al del futuro, basados en los malos efectos de la natalidad negativa.