Catalejo
La quiebra de la ética y la moral en Occidente
La sociedad sufre en todo el mundo los nefastos efectos de no respetar la ética y moral según las tradiciones.
Un pensamiento común es “la vergüenza pasa, pero el pisto queda en casa”, cínica frase compartida consciente o inconscientemente por los países del Occidente, e indicadora de la disminución de aceptar y aplicar la ética, ciencia estudiosa de la corrección basada en principios filosóficos, y también de la moral, consistente en la aplicación de esta teoría en las acciones humanas. Este proceso se afianzó a mediados del siglo XIX, y pronto se dividió en derecha e izquierda, tanto libertaria como autoritaria en el campo económico. Al principio fueron ideologías filosóficas como otras, pero al ser aplicadas en la política sin límites ni normas pronto surgieron abusos, millones de muertes de culpables e inocentes, guerras y sangrientas dictaduras con muchas similitudes.
La ética filosófica de los inicios en la Grecia Clásica, muy cercana a los principios religiosos, sobre todo los del cristianismo, pero no exclusivamente porque se agregan ideas y principios de numerosas otras culturas, aunque no sean cumplidas en la totalidad de los casos por todas las personas, o sea seres humanos falibles. En un área geográfica de cristianismo mayoritario, es fácil entender y conocer sus principios y valores, basados en las enseñanzas de Jesucristo: amor y amor a Dios, perdón, humildad, integridad, solidaridad, honestidad, justicia, fe, esperanza. Están presentes en distintas denominaciones históricas, de varios siglos, pero disminuyen en algunas muy recientes creadas sobre todo en Estados Unidos, por una desbocada libertad de religión.
El Hombre es el único ser de la creación capaz de extinguirse a sí mismo.
En amplias áreas del oriente del mundo hay otros valores igualmente valiosos en distintas culturas y religiones, como el confucionismo, budismo y zen, elementos aportadores del bushido japonés, poco conocido en nuestra área occidental pero con principios aplicables a toda cultura: honor y fidelidad a quien se sirve. justicia y rectitud, coraje, compasión y cortesía. Para ellos, se debe actuar de manera correcta y justa siempre, enfrentar los retos con valentía y heroísmo, comprender a los demás, tratar a todos sin excepciones con educación y comprensión de sus problemas. Sobresalen el honor y la reputación como el bien más preciado, así como mantener firme la palabra otorgada oral y escrita. El zen enfatiza en la meditación espiritual y la calma de la mente.
Se debe señalar un elemento importante: estos valores cristianos, del bushido y del zen no se utilizan exclusivamente porque sean necesarios cuando se utilizan criterios religiosos. También son útiles en el laicismo, o sea no profesar ninguna fe o devoción en la relación humana con el Creador o con los receptores de la mística, consistente en buscar unión con el Ser Supremo de los seres humanos, mortales e imperfectos. Obviamente, tampoco se relaciona con el ateísmo, porque este niega la existencia de Dios y, por tanto, la rechaza y combate en los campos filosóficos, ideológicos o políticos. El simple análisis de la situación del mundo actual puede facilitar la conclusión de ver una realidad determinada debido a la alteración o eliminación de los valores básicos.
Occidente se encuentra en una posición de debilidad de valores aceptados y cumplidos en su totalidad y con disciplina. Esto provoca cismas (divisiones) en el pensamiento, e integra grupos cuya creciente creencia distinta provoca la pérdida de los valores como los conocemos. Convierte conversar e intercambiar criterios distintos a la negativa lucha por eliminar físicamente a quien piensa distinto. Por eso, así como sucede con la ideología fanática, la solución debe esforzarse en encontrar elementos comunes con otras ideas sólidas aunque no compartidas, como respetar la palabra, al prójimo, y a la vida, aceptando sus derechos intrínsecos, ajenos a factores externos. Urge, porque el Hombre es el único ser de la creación capaz de extinguirse a sí mismo.