La buena noticia

El juicio de Dios

La doctrina del juicio de Dios sobre la conducta humana significa, en primer lugar, que la libertad humana es un asunto serio.

Sorprende la frecuencia con la que en el Nuevo Testamento en general y en los evangelios en particular hay referencias al juicio de Dios o de Jesucristo sobre la conducta de los hombres. La parábola del trigo y la cizaña se ha vuelto proverbial fuera del ámbito eclesial. “Sembrar cizaña” es una expresión que se utiliza en el lenguaje corriente para designar la acción de una persona que introduce maldad, disensión, rencor en un ambiente que estaba en paz y armonía. En el contexto del evangelio, la parábola se refiere al hecho de que en este mundo conviven personas justas y perversas: unas están representadas por el trigo y las otras por la cizaña. Ambas crecen en un campo. Los obreros que lo trabajan, según la lógica de todo buen agricultor, quieren arrancar enseguida la maleza, para permitir que el trigo aproveche todos los nutrientes de la tierra. Pero el dueño del campo, que representa a Dios, toma la ilógica decisión de dejar que ambos crezcan juntos. Dice que los obreros podrían arrancar trigo creyendo que es cizaña. En ese punto, la parábola expresa la paciencia de Dios que deja que buenos y malos convivan en este mundo para dar tiempo a los malos a convertirse y a los buenos a perseverar en su rectitud.

Se puede lograr o malograr la vida según la calidad moral de las acciones personales.

Pero al final, cuando llega el tiempo de la cosecha, el dueño del campo da órdenes a sus obreros para que recojan primero la cizaña y la quemen y luego cosechen el trigo y lo guarden en el granero. Cuando Jesús explica la parábola interpreta la cosecha como el momento del juicio. Allí se manifestarán las diferencias entre justos y perversos. Estos serán condenados y aquellos alcanzarán la salvación.

La doctrina del juicio de Dios sobre la conducta humana significa, en primer lugar, que la libertad humana es un asunto serio. Las decisiones que uno toma y las acciones que realiza pueden ser constructivas y destructivas. Una persona puede construirse a sí misma y a la sociedad con acciones que tiendan a esa meta. Puede asimismo destruirse a sí misma y contribuir también a la destrucción de la sociedad. Según la calidad ética de sus acciones, cada individuo puede lograrse o malograrse y contribuir en consecuencia a la edificación o al menoscabo de la sociedad. A veces es patente qué personas actúan de modo constructivo y cuáles actúan de modo destructivo; en otras ocasiones, la evaluación puede ser más difícil. Pero la enseñanza acerca del juicio de Dios sobre la conducta es una advertencia de que las acciones de las personas tienen un valor ético siempre, y que pueden ser de un signo o del otro. Se puede lograr o malograr la vida según la calidad moral de las acciones personales.

La enseñanza acerca del juicio de Dios sobre la conducta de las personas es además un estímulo a las buenas obras. A Dios le importa distinguir entre el bien y el mal, entre las acciones que construyen y las que destruyen. Él quiere que las personas se construyan como individuos y como sociedad. Saber que uno es responsable ante Él confiere a la acción humana un carácter teológico, en cuanto que es asunto de interés divino. La conducta recta puede incluso convertirse en acto de religión, en ofrenda a Dios. Y de ese modo la fe contribuye a que los creyentes coherentes con su fe aporten al desarrollo, cohesión y justicia en la sociedad.

Finalmente, el juicio de Dios, a diferencia de los juicios de este mundo, no se desarrolla por medio de argumentos de acusación y defensa, en los que la culpabilidad o inocencia del reo depende finalmente del parecer del juez. Dios ejerce su juicio al iluminar con su verdad la conciencia de cada persona que inevitablemente reconoce en sí misma el logro o fracaso en el desarrollo de su vida.

ESCRITO POR:

Mario Alberto Molina

Arzobispo emérito de Los Altos. Reside en Quetzaltenango. Fue también obispo de Quiché. Es doctor en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico. Ha sido docente en diversos centros teológicos en Guatemala y decano de la facultad de teología de la Universidad Rafael Landívar.