EDITORIAL
La demagogia no mide consecuencias y sale cara
¿Había que revisar el IUSI? Sin duda, pero con visión prospectiva, criterios fundamentados y, sobre todo, integridad.
Se ufanan varias bancadas del Congreso en reclamar el crédito por haber propuesto o haber votado a favor de la eliminación del impuesto único sobre inmuebles (IUSI). Bajo el discurso populista de que era una carga económica, se dejó de lado el análisis de una reducción proporcional o progresiva; se optó por el tosco borrón, sin responder cómo se compensarán los recursos que dejarán de recibir decenas, cientos de municipalidades en todo el país. Muchos de estos mandaderos de la demagogia son capaces de inflar más aún el siguiente presupuesto, siempre a costillas de la ciudadanía, para parchar el imprudente agujero que han creado. Total, son muy buenos para las chambonadas, probado está.
Y mal paga el diablo a quien bien le sirve, reza el viejo dicho. La Asociación Nacional de Municipalidades, usualmente tan plegadiza y chiclosa con facciones políticas, ha puesto el grito en el cielo, resaltando que para unas 277 municipalidades la supresión del IUSI es un golpe a su autonomía económica, una zancadilla que pone en vilo sus presupuestos e incluso sus organigramas, pues buena parte del personal a cargo del tributo queda sin justificación y también sin forma de financiar sus plazas.
Queda en evidencia que a los diputados y diputadas que avalaron y festejaron la supresión súbita de este ingreso municipal solo les interesan las apariencias, venderse como beneméritos un año antes de las elecciones para tratar de posicionarse y asegurar desde ya su puesto. Cabe señalar que entre quienes avalaron esta eliminación también hay muchos que votaron a favor del ilícito autoaumento salarial. Tanto este excedente como el previsible parche financiero para las comunas vendrá no de ellos, sino de los tributantes.
Como decimos en el título, los demagogos no miden consecuencias; tampoco los mediocres ni los aprovechados. Existen otros efectos que estas luminarias no tomaron en cuenta, como, por ejemplo, que la falta de recursos propios debilita a las municipalidades ante la penetración de grupos criminales, entre los cuales debe haber no pocos propietarios de extensos inmuebles por los cuales ahora no pagarán ni un centavo.
La idea de favorecer a la población más necesitada pudo realizarse de forma comedida, racional y técnica, recalculando pormilajes para establecer tasas racionales y verdaderamente proporcionales. Al suprimirlo de tajo, se está colocando en un plano similar a quien tiene una pequeña choza en un terreno heredado que ciertos exfuncionarios, súbitos dueños de suntuosos inmuebles, que ahora no van a reportar nada. Para todos los propietarios legítimos y responsables, el pago del IUSI era ya un aporte a la comunidad. Paradójicamente, los diputados les dejan carga a los “locales comerciales”, como si acaso no hay emprendedores que con esfuerzo han logrado construir un espacio para abrir un negocio o rentarlo para tener unos quetzales extras.
Habrá que ver las acciones legales emprendidas por las comunas, ya sea de forma unilateral u organizada. Lo peor de todo es que la discusión no será sobre la proporcionalidad o la conveniencia estratégica, sino sobre las falacias ad populum que tanto practican estos sofistas de alto sueldo autoaumentado. No tardan en aparecer las respectivas figuras presidencialoides adelantándose a reclamar crédito de un chapuz sin cálculo, pero es este tipo de vacuos populismos lo que cabalmente une a todos estos variopintos personajes. ¿Había que revisar el IUSI? Sin duda, pero con visión prospectiva, criterios fundamentados y, sobre todo, integridad.