EDITORIAL

Presumiendo un parche con agujeros

Anoche mismo, mientras aprobaban el “sacrificio”, cenaban con cajas de servicio a domicilio de un prestigioso restaurante.

De manera muy previsible, varios diputados —que se supone son de distintas bancadas y, por ende, distinta ideología— confluyeron en las redes sociales al publicar videos en los cuales presumen de haber votado a favor de la suspensión temporal de dos tributos: el impuesto al valor agregado (12%) y el aplicado a la distribución de petróleo y sus derivados, que tiene montos distintos para diésel y cada tipo de gasolina. Tratan de ganar réditos electorales y no ven que su descrédito es mucho mayor. Expertos consideran que se trata de una alternativa “menos peor” que el subsidio indiscriminado. En realidad, solo se trata de un parche con agujero: si bien implicará una cierta rebaja en el precio de expendio, representará un “sacrificio fiscal” —como le llamaron en el Congreso— de Q3 mil 300 millones que no se recaudarán.

Un 1.5% de la recaudación de IVA es trasladada directamente a las municipalidades. Con dicha reducción, es una posibilidad muy real que haya unos Q50 millones menos disponibles para tal fin. Aparte está el impacto en la recaudación fiscal total, cuya meta prevista para este año debería ser corregida por Finanzas y la Superintendencia de Administración Tributaria, pues falta un trimestre del año.

El vacío más lamentable del decreto legislativo es la falta total de criterios referentes a un plan de austeridad o ahorro, tanto para ese organismo como para dependencias estatales, en coherencia con el “sacrificio fiscal”. Quizá se podrían suspender contratos de personal temporal, dejar de percibir el repudiado autoaumento salarial o al menos tener un plan para limitar el combustible y dietas asignadas a diputados. Dado su talante moral, posiblemente es demasiado esperar, pues anoche mismo, mientras aprobaban el “sacrificio”, cenaban con cajas de servicio a domicilio de un prestigioso restaurante de carne asada.

Por cierto, era tal la fruición por presumir el decreto 22-26 de suspensión impositiva temporal, que ya no se abordaron las objeciones de curul en contra de su antecesor, el decreto 21-26, que lleva el rimbombante nombre de Ley de Estabilización y Precios de Referencia de Venta al Consumidor Final para los Combustibles Cubiertos, aprobado hace dos semanas y que contemplaba un subsidio de Q2 mil 500 millones sobre hipotéticos precios fijos, pero quedó varado a causa de las mismas reyertas politiqueras que condujeron a la creación de su sucedáneo.

Ambas normas intentan dar la apariencia de responder al mismo problema: el alza internacional en el costo de los combustibles. Sin embargo, no pueden coexistir, pues, de ser así, comprometen un monto que ronda los Q5 mil 800 millones. Y pese a que se les invitó a una suculenta cena a costa de los tributantes, los diputados rompieron quorum, quizá cansados de tanto “sacrificio fiscal”. Tal vez estén pensando en dejar muerta la discusión de las objeciones, pero eso sería un precedente poco serio, o a lo mejor se considera enviar, igual, el decreto 21 a la Presidencia, para que sea el mandatario el responsable de vetarlo, lo cual solo pondría en evidencia, una vez más, la incapacidad del Congreso para decidir con independencia y sin ansiedades electoreras.

En todo caso, el decreto legislativo 22 también debe pasar al Ejecutivo para ser sancionado y publicado antes de entrar en vigencia. El Congreso, que ya tiene en sus 320 manos el proyecto de presupuesto del 2027, debe contemplar la posibilidad de que la carestía internacional de combustibles prosiga el próximo año y no se puede consentir una hipotética pero previsible posibilidad de que intenten aumentar aún más el endeudamiento para sufragarlo. Así que no es tiempo de presumir a costa de los recursos de la ciudadanía.

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